miércoles, 11 de junio de 2014

RELATOS DE LA ESCUELA LENIN


 Relatos de la escuela 1970 – 1977 y 1994 – 2004
Autor: Carlos Vázquez Triana
A modo de introducción:

 

Ahora hay que hacer pruebas de ingreso, pagar a profesores que preparan los muchachos, es un tema de conversación obligado en los trabajos de los padres “.... ahí estudiando como un loco con un profesor, de lo más bueno, que se dedica a eso hace años y que “no cobra caro”, para ver si coge la Lenin “ .Hace más de 30 años, en mi tiempo, no era así.

 

En mi caso recuerdo que traté de entrar a los Camilitos y me preguntaron qué me gustaría estudiar, yo dije que medicina ... y no me dejaron, porque para esa carrera no había preparación, que cosa tan loca eso de preguntarle a un niño de 11 o 12 años que quería estudiar y además tomar tan en serio su respuesta, después de todo no me hice médico, nunca hubiera podido serlo, es precioso ayudar a cualquiera, pero demasiado duro compartir los malos momentos. Al final muchas gracias a aquellos militares tan estrictos que no pudieron aceptar a un niño que quería ser médico y que tampoco impidieron que después fuera militar por 16 años.

 

En este momento, aunque parezca raro, es que hace su entrada a mi vida mi madre, la vieja Laudelina, de armas tomar como se dice, se los aseguro, pero no hizo falta sacarlas esta vez, sólo habló con el administrador de la escuela, la Escuela Vocacional de Monitores de Vento, que vivía por el barrio y entonces entramos: yo (el burro alante) e Hilario en aquel entonces, el paja después y hoy y para siempre el juez, que no es tal, porque es actor, pero que siempre fuimos uña y carne en el barrio, él de Orientales y yo de Industriales, el primer motivo de bronca, fajados por cualquier cosa, peleados a cada rato como todos los niños normales, ya no somos uña y carne pero seguimos siendo AMIGOS, así con mayúsculas y sin faltas de ortografía. Pues como les contaba la vieja habló con Tuya (el administrador) y nosotros a estudiar a la mejor escuela del país, ah!! Y la vieja Laudelina atrás, que para graduarse nada más le faltó el diploma e irse para Ciego de Ávila a limpiar caña con nosotros al terminar 13er grado.

 

Aquí van mis vivencias y mis recuerdos de mi paso por Vento / La Lenin o simplemente la escuela, que es como yo le digo y como parte DEL MEJOR GRUPO DE AMIGOS QUE HAYA EXISTIDO JAMÁS, en cualquier época, en cualquier parte.

 

 

 


Para los “viejos en beca”

7mo.

 

Los comienzos:

La entrada era desde el anfiteatro de Marianao, aunque nosotros íbamos directo con la 61 o la 43, hasta el paradero de la Lisa y caminábamos los 2Km hasta los albergues, que estaban en la Coronela.

 

Esa fue la primera gran separación de la familia de casi todos nosotros y nos tocó una primera etapa de la escuela bastante j...... Estábamos inaugurando los albergues de la zona, tremendas casas pertenecientes todas a gente muy rica que en su totalidad se habían marchado del país y que con unas cuentas literas y mesas se convirtieron en albergues y comedores “de lujo”, sin agua, a veces sin luz, con una comida que no había quien se la comiera cuando estaba buena y unos desayunos en los que no faltaba la leche cortada y en el mejor de los casos ahumada.

 

A la hora de ir para la escuela lo debíamos hacer en guaguas, de las americanas aquellas medio ovaladas, grises con una raya roja y el sempiterno cartel ESCOLARES, pero resultaba que siempre estaban más rotas que sanas y teníamos que ir caminando aquellos 2Km hasta la escuela, que estaba a una cuadra de 51 (la antigua Lasalle), nada, que parecería ahora que nos estaban enseñando a pasar trabajo desde bien temprano.

 

Era la época en que no había nada en las tiendas, había que zurcir y remendar ropa y zapatos, recuerdo que mis primeros pantalones de uniforme lucían sendos parches en las rodillas y que conste que no era yo quien los había estrenado y mucho menos roto, la caja de cigarros costaba 20 pesos que era toda una fortuna en aquel entonces, pero nada, como a todo se acostumbra uno, unas semanas después ya estábamos “aplatanados” y pasándola de maravillas.

 

Pues si, en esas condiciones “histórico-concretas” nos vimos las caras por primera vez y hoy día todavía muchos nos las vemos, pero de esto último hablaré más adelante, en ese grupo estábamos Hilario, Doll, Verdera, el Guírole, el Valdo, Polé, Belkis, el Durry, Gustavo, el Chelo, Bárbaro Zayas, Miriam González, Isabel del Campo, Ana Mary, Santiago, Pepocha, Correoso, el Washy, Faxas, Quesada, Maricela, Julito y Parrado, por cierto una célebre yunta, el Paisa y muchos más hasta completar 6 grupos que tenían entre 20 y 30 alumnos cada uno.

 

El 231:

Nuestros albergues estaban en la Coronela como ya dije, en la calle 25, donde también estaba el comedor, mi primer albergue fue el 231, que quedaba a la izquierda caminando desde 222 en dirección a la doble vía, que era donde se hacían las formaciones por batallones y desde donde salíamos marchando para el comedor y también, pero en guaguas, si éstas no estaban rotas, para la escuela, aclaro que no hay confusión, no estábamos en los Camilitos, pero teníamos pelotones, batallones y marchábamos como unos locos y hasta teníamos un pelotón de ceremonias, al cual tuve el orgullo de pertenecer, realizando “fantasías militares” en San Pedro, donde cayó Maceo, y a donde íbamos todos los 7 de diciembre a pie por toda la autopista.

 

Entonces cerrando el círculo, el albergue 231 a la izquierda, hasta que nos separaron por grupos y círculos de interés, pasando luego al 238, que estaba un poco más adelante, pero en la acera de enfrente. En esos albergues pasé varias “vacaciones de fin de semana” sin ir a la casa, porque el pase era cada 15 días, vaya usted a saber por qué, si la gente al final de cuentas se iba por y con sus propios medios para su casa, seguro debió ser por ........

 

El 238 se lleva las palmas de convivencia, sólo por el tiempo de estancia, pero en realidad en el 231 vivimos las primeras cosas inolvidables, en toda aquella zona de albergue a nuestra llegada no había una gota de agua, en el comedor .... tampoco, créalo o no lo crea había que apartar los guajacones de la cisterna del 231 con el jarrito de aluminio para poder tomar agua, al menos en mi caso, porque el único líquido que se podía obtener era un jarro de leche fría ( también a veces cortada ), en las comidas y por desgracia yo no tomaba leche en aquel entonces ¿? ... Eso duró hasta que al Washy se le ocurrió usar la cisterna como piscina, los guajacones estaban bien, pero eso de beberse  todas las intimidades y suciedades del Washy era otra cosa ...... empecé a tomar leche.

 

El Washy duró poco, pero me dejó huellas, era capaz de hacerse una etcétera poniendo los pies detrás de la nuca y caminando sólo con las manos, casi un contorsionista de circo, además era capaz de hacer desmayar al más  pinto poniéndolo a hacer cuclillas o planchas por un rato y después tapándole la boca y la nariz de pronto, caían como moscas. El padre, recuerdo que era espeleólogo y siempre estaba hablando de cuevas y aventuras, a mi me gustaba oírlo, verdad?, mentira? quién sabe, pero ahí me dejó su huella, al terminar el año y sabiendo que no regresaba al siguiente me regaló una colección de murciélagos disecados que conservé por más de 20 años, hasta que el tiempo la venció inexorablemente, eran 3 cajas con frente de cristal y más de 10 especies distintas de murciélagos, en aquel entonces sólo aprecié el gesto y su deferencia, al pasar de los años me di cuenta del valor real que tenía, en el museo de Ciencias Naturales, no hay tantas especies de murciélagos disecados.

 

El 238:

En algún momento, no recuerdo cómo, se dio la mudada para el 238, de ese albergue y de mi primer grupo recuerdo claramente a Gustavo, de Aguada, fue mi primera yunta en la escuela, a su mamá , la tía, la hermana, que hicieron buenas migas con la vieja Laudelina durante nuestra única escuela al campo, que fue en el Wajay, en un campamento del periódico Granma, al Paisa de Ciego de Ávila el Rey del almidón, siempre limpio, almidonado y planchado, a Correoso, un prieto bastante regado y metido siempre en cuanto problema pasara a menos de 10 km. de donde estaba, sin embargo un día dicen en la formación, esa de donde salíamos marchando hacia el comedor, que nuestro año (7mo. grado), tenía que tener su Himno, que era una tradición, como el aplauso de la escuela que todavía existe, pues para mi asombro y el de no pocos, Correoso se subió al techo del 238 y en sólo una noche compuso el himno del año, que tenía como base la música del himno invasor, una parte decía algo así como:

 

 “... al estudio nos llama el deber

es preciso estudiar con esmero

y en las aulas ser siempre el primero...”

 

y otra:

 

“...si estudiamos con gozo y esmero

a la patria podemos servir...”

 

toda una composición, con rima, métrica, etc, pero lamentablemente no me acuerdo de todo, es una lástima, les aseguro que fue todo un suceso, había otros himnos de otros años, pero bastante mojigatos, el de nosotros, sin chovinismo barato era un himno de verdad.

 

Otro personaje con el que hice buenas migas fue con el Guírole, ¡como le gustaba la biología!, siempre con el tema a flor de labios, acabó con el apodo de coleóptero, pero sólo por ese año, lo de coleóptero le vino también por el feo que se gastaba en aquel entonces, el Guírole es de los que se ha ido arreglando con el tiempo, no está en el grupo de los que nos hemos ido echando a perder con el paso de los años. Por las visitas de los padres el fin de semana que no nos daban pase, y de mano de su mamá, conocí la leche condensada quemada, el le decía “flan mágico” y es una de las cosas más ricas que hay en el mundo.

 

Bueno, y ya le llegó el turno a quizás el más sui géneris de todos, a Doll, traten de imaginarse a un niño de 11 o 12 años que se sabía el Diario del Ché en Bolivia ... ¡ DE MEMORIA ! y créanme, sin trucos, más de uno lo comprobamos con el diario delante y proponiéndole cualquier día de cualquier mes, y el Doll ahí, repitiendo línea por línea sin fallar, realmente impresionante. Siempre le dijimos que iba a estudiar historia y así fue, incluso ejerce aún su carrera.

 

Reina Mestre:

¡Qué clase de aparición en escena de la directora de la escuela Reina Mestre!. Óiganme, una negra de casi 6 pies y 300lbs que metía miedo, imponía respeto con su sola presencia.  Siempre muy recta y estricta, pueden tenerse disímiles opiniones sobre ella, pero creo que hay que reconocerle como la mejor directora que tuvimos, y como bien dice Hilario, nosotros, en definitiva, somos un poco el resultado de lo mejor que nos supo transmitir.

 

Un día nos llaman a una reunión al comedor con la directora y para allá todo el mundo con el corazón en la boca, porque se iban a analizar  “... algunas indisciplinas y planteamientos que se habían hecho ...” , es fácil entender que dentro de un grupo de niños de cualquier parte y estrato social, de cualquier tamaño y color podían ocurrir miles de problemas y como regla en una beca, o caes bien, o te pones duro, los que no alcanzaban ninguno de esos dos requisitos eran víctimas constantes de burlas y  “agitones”. Una de las cosas que más se hablaba era de los  “guapos”, que al final, no recuerdo que ninguno lo fuera ni medianamente, en aquella reunión se para RM y pide que le digan quiénes son los guapos del año, que ella se iba a fajar con todos ahí mismo, entonces salta uno de los “trajines”, que no recuerdo quién era y nombra a Faxas, Faxas era un gordito, chiquitico, jodedor y cuentista, no se me olvida su representación del cuento del loco, con un cepillo amarrado con un cordel, y llamándolo como si fuera un perro, y con su final aquel de: lo engañamos motica, lo engañamos, pues ahí mismo después que nombraron a Faxas, sin pensarlo un segundo dice RM: “Faxas lo que es es un COMEMIERDA, díganme otro y si los guapos aquí son como Faxas, se acabaron los guapos ...”. Todo el mundo se quedó boquiabierto y a partir de ahí ver a RM por una acera y coger por la otra, aunque fuera la del sol, era la misma cosa.

 

Fidel:

Este fue un hecho significativo para mi,  ver a Fidel a dos pasos de distancia, iba con bastante frecuencia por allá, siempre en unos jeeps rusos, se bajaba, se le hacía un círculo alrededor y se ponía a hacer preguntas, en una de las primeras veces que fue, conocí a Quesada, porque de pronto Fidel le pregunta: “dime Armandito, como está la cosa, está buena la comida”, eso dejó su huella por un tiempo, por aquello de que Fidel conocía a uno de nosotros bien de cerca, el por qué de aquella familiaridad lo supe hace pocos años de boca del padre de Quesada, pero eso no cuenta, al menos en esta historia.

 

Nosotros tuvimos la posibilidad de compartir varias veces, aunque siempre por poco tiempo, con el jefe de la Revolución, algo que muchos han deseado y no lo han podido hacer, de ver cómo se iba aproximando la pequeña caravana, que era inconfundible, a los escoltas tirándose sobre la marcha y quedándose apostados, a Fidel bajarse y dejarse rodear por nosotros y luego, al marcharse ver a los escoltas irse subiendo poco a poco a los jeeps al paso de los mismos. Para todos nosotros, que éramos sólo unos niños, estas visitas dejaron su marca.

 

 

Nuestra única escuela al campo:

Ya les dije que tuvimos una sola escuela al campo, porque en los años siguientes no fuimos más, en su lugar íbamos a la Industria Deportiva, la misma que sigue estando en Santa Catalina, al lado de la Ciudad Deportiva, o a la de medios audiovisuales, que estaba donde está hoy el mercado de Carlos III.

 

¡Que manera de trabajar en ese mes y medio en el campo!. Trabajamos en el Cordón de la Habana, sembrando café, que sería usado para pagar unos camiones y equipos franceses, aunque en aquel entonces no sabíamos nada de eso, ni tampoco nos interesaba, eso lo leí años después e hice la asociación. El trabajo consistía en abrir huecos a pico, pala y coa para sembrar las posturas de café (caturra, si no recuerdo mal). Fue una gran diversión, nada de extrañar a nada ni a nadie, trabajábamos, jugábamos mucha pelota, a la mano y luego en un terrenito que nos hicimos nosotros mismos en un hueco que había cerca del campamento con bate, guantes, etc. Los fines de semana venían los padres, pero después del 2do. fin de semana ya no les hacíamos caso, porque estábamos en alguna fiesta o jugando pelota.

 

Aquí fue la primera vez y creo que también la última, que comí venado, lo traía la mamá de Gustavo, mi vieja traía siempre dulces ricos y compartíamos la cosa, todo perfecto.

 

No se me olvida una noche que nos vinieron a despertar pasadas las 12 de la noche para ir a recoger caña quemada a un cañaveral, por qué, no pregunten, de la cama para los camiones, para el cañaveral y se acabó.

 

Así que con 11 o 12 años, pico, pala, coa, juegos de pelotas, fiestas, caña quemada, ¡qué más se puede pedir!

 

A grandes rasgos este es mi primer año en la escuela, me faltaría quizás hablar de Emilio Enrique Guerrero, profesor de Educación Laboral, el jefe de disciplina, el formador y entrenador del pelotón de ceremonias que hizo sus evoluciones el 7 de diciembre en San Pedro. Guerrero era otro al que se le respetaba mucho, qué manera de salir como una sombra de cualquier lado cuando alguien estaba haciendo algo “indebido”, pero de Guerrero, les contaré un poco más adelante.

 

 


8vo.

 

En nuestro segundo año, nos tocó entonces cambiarnos para los albergues de la Hiedra, otras casas con las mismas características de las de la Coronela, le decían la Hiedra por el comedor, que por cierto, estaba muy lejos de los albergues, sin embargo la escuela estaba sólo a unas cuadras, nada, como les conté antes,  había que pasar trabajo.

 

Eran 3 albergues, 2 de varones y uno de hembras. A mi me tocó en El Bayú de María Antonieta. Ese nombre lo obtuvo en los primeros días del curso, estaba en condiciones deplorables, los otros también pero menos, una casa de 3 plantas enorme, estaba al lado de la casa del Sector, donde se quedaban los profesores de guardia. Los otros dos estaban en la acera de enfrente uno al lado del otro, de ahí tengo mi primera conciencia de aquello de mirar para el albergue de las hembras para tratar de ver a alguna sin parte de la ropa puesta o mejor sin ninguna, aunque de eso yo nada más recibía los cuentos, porque desde mi albergue, ni con anteojos.

 

La Hiedra:

De la Hiedra ( el comedor ) les puedo decir que ahora es un centro de recreación del MININT, con restaurante, piscina, un mini zoológico, etc., pero que en aquel entonces fue nuestro comedor, allá íbamos a desayunar, almorzar y comer, aunque no marchando porque estaba muy lejos. En la Hiedra pasamos un ciclón, recuerdo que nos evacuaron para allí porque esa casa estaba en mejores condiciones que el resto de los albergues. Dormimos con los colchones en el piso, nos dieron tremenda comida y tremenda merienda, nada, como para pedir que siguieran viniendo ciclones en fila y sin descanso.

 

Ah! aunque debí empezar por aquí, el nombre de la hiedra era por una mata de hiedra que estaba adherida a casi toda la casa, de lo más bonita que se veía, no sé si ahora sigue existiendo aunque debería, al menos el nombre se mantiene.

 

El Bayú de María Antonieta:

En el Bayú de María Antonieta me pasaron un montón de cosas, allí empecé a fumar, escondido por supuesto. El iniciador de varios de nosotros en este hábito fue Rafael, que parecía más viejo que nosotros. Recuerdo que nos subíamos en el techo después de las 10, que era la hora de acostarse y apagar las luces. Formamos un clan de los que recuerdo a Rafael y a Fidel Leyva, pero éramos más.

 

Un día, Reynaldo, que era instructor, o sea, que trabajaba para “la administración”, nos cogió en el brinco, o mejor dicho, después del brinco, porque fue cuando bajábamos del techo después de fumarnos algunos cabos y cigarros que  aportábamos entre todos. Pues bien, Reynaldo nos cogió y nos dejó en suspenso diciendo que “iba a pensar si lo decía o no a la dirección”, habría que acusarlo retrospectivamente por tortura sicológica, como se estila ahora que después que un presidente de un país deja de serlo, y acaba acusado de corrupción, robo y mucho más, porque nos quedamos a la expectativa de tener un problema que podía ser muy serio. Pasaron varios días y no había pronunciamientos al respecto, entonces, recuerdo que estando de cuartelero, dando escoba y frazada como un loco, llega el hombre a amenazar y casi chantajear de que si no limpiábamos bien iba a tener que contar aquello de que nos había visto fumando, ... se me fueron los fusibles ..., le fui arriba con el palo de escoba y le tiré varias veces, pero le di una sola vez en las costillas, ¡ menos mal !. Por suerte, o gracias a Dios, como se dice ahora, el tipo no los tenía bien puestos y ahí mismo quedó aquel asunto de la fuma.

 

A partir de ahí fumamos más tranquilos, siempre escondidos en el techo, pero tranquilos. Y aunque en realidad no hizo daño, un tiempo después a Reinaldo lo botaron porque se supo que estaba con una profesora. Pero de alumnos con profesoras les cuento después.

 

En este albergue tuve mi primera bronca, fajazón, o como se quiera decir. Resulta que Hilario, que no es nada alto y en aquel entonces se podía esconder detrás de una caña, se faja con Claudio, “el Troncho”, que también era instructor ( y dale con los instructores). Yo estaba junto con un grupito mirando la bronca, el Troncho tiró a Hilario al piso, nada difícil de acuerdo a la descripción anterior, y le dio unas patadas, eso no lo pude aguantar y menos contra quién era, me meto en el medio para coger la bronca para mi, pero entonces se mete otro que no me acuerdo quién fue, nos separa y arregla una pelea para la noche. La bronca de Hilario y el Troncho fue sobre la hora de almuerzo, ¡imagínense!, desde el medio día, hasta la noche, se formó un ambiente secreto y expectante alrededor de la pelea, hasta apuestas hubo (sin dinero por medio). Todo el mundo sabe, que en el momento que uno está caliente no piensa, le sube la adrenalina y ya, pero del medio día a la noche, uff!!. Ya después de comida yo no tenía ningunas ganas de fajarme, yo soy un tipo bastante complicado, sin miedos ante los problemas, pero tampoco nada agresivo (a pesar que parezca lo contrario después del cuento del palo de escoba), pero ya estaba montado en el carro y primero muerto que desprestigiado. A la hora convenida se organiza todo para hacerlo en uno de los cuartos chiquitos de la planta alta, yo andaba por un lado y el Troncho por otro, me vinieron a buscar y fui para el “ring”, créanme que cuando llegué me impresioné, para fajarnos teníamos un espacio escasamente de 2x2 metros, había gentes colgados hasta en las ventanas por fuera, ¡tremendo peligro! y los ánimos enardecidos, por supuesto que todo el mundo estaba a mi favor, el Troncho por ser instructor, y por haber pegado en el piso no tenía simpatizantes. Yo creo que la bronca debe haber sido bastante decepcionante para el público, porque duró muy poco, en la primera escaramuza mi contrario cayó (¿o se tiró?) al piso, agarrándose el estómago y quejándose ... ahí mismo todo terminó, la deuda quedó saldada, el honor salvado y el socio “vengado”.

 

Ahora seguro que hay quien piensa, que este cuento lo hice para hacerme el duro o aparentarlo, pero no, es algo que no se me olvida porque después de esa “bronca”, gané un buen amigo. A Claudio se lo llevaron cargado para su cuarto en el piso de abajo y yo fui a verlo después que la multitud se tranquilizó, le pregunté cómo estaba, nos dimos la mano y nos hicimos socios y también se hizo socio después de todo el mundo, incluso de Hilario. Es que en realidad Claudio era buenísima gente, no se por qué pasaron esas cosas, pero al final fue para bien. Dos años después en 10mo grado dio el paso al frente al destacamento pedagógico Manuel Ascunce, se hizo profesor de educación laboral, y junto con Santiago, Pepocha y Benigno, y formaron tremendo equipo en esa cátedra por años.

 

El “robo del refresco”:

Después de la historia anterior, en la que aparezco como un tipo duro, les hago otra en la que estuve literalmente c.... ,  o mejor, muerto de miedo, por varios días.

 

Resulta que a la hora de la merienda, en el horario de clases, se cogió la moda de “robarle” refrescos a las cajas de la gente de 7mo grado. Nos apostábamos en la salida de la cancha de baloncesto, por cierto que el baloncesto fue mi gran pasión en la escuela, al final de la cual estaba el merendero. Fíjense bien que dije nos apostábamos, pues bien, a mi y sólo a mi me cogieron en el brinco como se dice. Me acusaron de LADRÖN por coger un refresco que no me tocaba, de verdad que en aquellos tiempos esas cosas se magnificaban increíblemente.

 

Casi me botan, y digo casi, porque por suerte la vieja Laudelina era madre combatiente, esas madres que iban a trabajar a los albergues para ayudar a limpiar y a otras cosas más que no recuerdo, y resulta que ella había visto a un tío de Reina Mestre, (Menéndez era su apellido), que era como un administrador en la zona de nuestros albergues en la Hiedra, sacando, por la noche, una jaba con comida para su casa.

 

Entonces por un lado mi refresco, y por el otro una jaba con comida, se acuerdan que les dije que la vieja era de armas tomar, pues aquí sacó el hacha de guerra y el día que se decidía mi estancia en la escuela, se le encaró a los 6 pies y 300 libras de directora y, sentadas frente a frente, le metió un manotazo en los muslos y le dijo que si a mi me botaban, acusaba a su tío con la policía, como diría el cabo Pantera:  “!qué clase de tipa!”. Nada de nada caballeros, ¡tremendo número que metió la vieja!. Ahí mismo quedó cerrado el caso por medio de un acuerdo entre la fiscalía y la defensa. Es que la vieja para defender lo suyo era de anjá, como seríamos cualquiera de nosotros por nuestros hijos, verdad?

 

La Teacher, Adrián, Rafael y el Chino Jesús:

Este fue un cuarteto muy sui géneris, una profesora de inglés, Magali y tres alumnos.

 

Este fue el primer caso de un “rompe cuna” (en este caso una “rompe cuna”), que era como le decíamos a los que buscaban novias en los años inferiores. Pues si, la Teacher le “pasó la cuenta” a Adrián y a Rafael. Rafael ya les había contado que era alguien que parecía mayor que nosotros, también se comportaba como tal, pero Adrián era un muchacho muy alegre y que siempre hablaba de “su conquista” y sus experiencias, con una sonrisa de oreja a oreja y dando un salto detrás del otro.

 

Este triángulo amoroso, nada conflictivo por cierto, duró un tiempito. Se vio roto por un hecho, que todavía al recordarlo, me resulta increíble: Un día cogieron a Rafael y al Chino Jesús juntos, en un cuarto que tenían los profesores en uno de los albergues. Digo que me resulta increíble, no por Rafael, que daba tipo de casi cualquier cosa, pero si por el Chino, porque era un tipo bien cortado, como suele decirse, medio “guaposo”, jefe de compañía, y si no recuerdo mal fue novio de Polé (Paulette en francés), de la que casi todos queríamos serlo y solo algunos lo fuimos.  (Cada vez que veo la película Una Novia para David, me recuerdo de la escuela y Edith Masola me recuerda a Polé, con todos los respetos y todos los perdones). Pues si, el Chino cayó en eso, fuimos bastante amigos, pero la amistad llegó hasta ahí.

 

La Estación Experimental de la Caña en Jovellanos:

Les había dicho que sólo hubo una escuela al campo, sigue siendo verdad, esa estancia en Jovellanos fue por pertenecer al círculo de interés de la caña de azúcar.

 

Para allá fuimos 6 ó 7, sólo me acuerdo del Chelo, de Isabel del Campo y de la profesora guía. Esta última, era una mulata que hablaba como un hombre, con voz ronca, y que ante cualquier problema con un alumno decía algo así como: “... yo tengo dos banderas, una blanca y otra negra, si saco la blanca bla, bla, bla y si saco la negra bla, bla, bla ...”, los bla, bla, bla eran distintos uno para bien y otro mal, la bandera blanca no la sacaba nunca. ¡Que clase de mujer esta, con un carácter súper agrio y una voz súper horrible!.

 

No había que trabajar mucho en el campo. El trabajo más duro que tuvimos que hacer, fue fumigar semilleros de distintas variedades de caña, cargando una mochila con el insecticida que pesaba un horror.

 

Todavía existe esa Estación Experimental, aunque ya casi el país no produce azúcar.

 

En nuestra estancia allá tuvimos que darnos las clases nosotros mismos, menos la de historia, por supuesto. Yo daba física y geometría, porque había sido el profesor de esas asignaturas de dos grupos de 7mo grado, los otros se repartían las restantes. En realidad si el grupo hubiera sido más grande y con otra composición, la hubiera pasado mejor.

 

Recuerdo que el Chelo tenía una guitarra, no se si la llevó de La Habana o si apareció por allá, y tocábamos y cantábamos canciones de Silvio, y aquella “cosa” de los 5 u 4 que decía “... se me perdió el bastón ...”, el Chelo la cantaba con la voz fañosa y todo. Que clase de mezcla esa, de cantar canciones de Silvio, y “Se me perdió el bastón”, del tristemente célebre Osvaldo Rodríguez, que después compuso no se cuántas marchas para las marchas del pueblo combatiente,  valga la redundancia, y acabó yéndose del país p´al c .....

 

Medios audiovisuales:

Durante este curso a mi me tocó trabajar en la Industria de Medios Audiovisuales.

 

Allí se hacían las maquetas para las clases de geografía y de biología, distintos tipos de relieves y partes del cuerpo humano. Esas maquetas eran de papel y una mezcla que le llamaban engrudo, hecha con harina, maicena o no sé qué polvo blanco, que era lo más parecido del mundo a la natilla que nos daban en las comidas, de hecho a partir de ahí la natilla pasó a llamarse engrudo, estuviera buena o no, el mejor comentario que podía merecer era: “ el engrudo hoy está bueno “.

 

Esas salidas a trabajar eran tremendo escape, íbamos y regresábamos en guagua de la calle, como se decía entonces, en la ruta 43, que nos dejaba cerca del hoy Mercado de Carlos III, que era donde estaba esa industria.

 

Para los que fumábamos era la oportunidad de recoger en la calle, algunos cabos, sargentos y en ocasiones hasta capitanes, de cigarros, tengo que reconocer que era algo sumamente asqueroso. Pues bien, les cuento que siempre llevábamos algún pullover (T shirt o polo después de la globalización), lo dejábamos caer encima del resto del cigarro que estaba tirado en la calle, y lo levantábamos luego, a veces si se fallaba la recogida, se repetía la operación, sobre todo, cuando “el oficial era de alto rango”.

En los baños de la industria, nos fumábamos los primeros cabos recogidos, y los otros en el techo del albergue, por la noche. Ojalá ahora yo pudiera hacer eso, quiero decir fumar, solo en el baño y en el techo de mi casa, seguro fumaría mucho menos, pero de todas formas de algo hay que morirse.

 

La recolección era puesta toda junta y compartida como si fuera pan en tiempo de guerra. A veces teníamos papel de hacer cigarros, que traían algunos hijos de papá, incluso, aunque no fueran fumadores, por pura solidaridad, otras veces fumábamos en una pipa, y en su defecto, al directo o armando el cigarro con papel de libreta.

 

Fidel Leyva, que era de los que más fumaba, tenía tremenda habilidad en todos los procesos: recogida, armado y finalmente, en fumarse el cigarro fabricado,  hasta que le quemara los labios.

 

La posibilidad de salir de la escuela vestidos con ropa de trabajo, disfrutar de una cierta libertad, el incremento de las reservas estratégicas de “cigarros” y el poder fumar en otro lugar que no fuera en el techo, era lo mejor que tenía la Industria de medios audiovisuales, lo demás era algo pedante y casi vomitivo, armando maquetas con las manos llenas de engrudo con su olor característico durante toda la tarde y que nos llevábamos hasta los albergues de regreso.

 

 

Las fiestas, los festivales de la FEEM y las danzas


En este curso comenzaron las fiestas, alguna que otra muchachita cumplió 15 aunque el grueso lo hizo al curso siguiente en 9no, pero se hacían en las casas.

 

La más recurrente era la del Chelo, en Calzada entra A y B, frente al Hubert de Blanck. Toda la música que se ponía era en inglés, con preferencia extrema para el Abraxas de Santana, el volumen III de Chicago y la canción In-A-Gadda-Da-Vida de Iron Butterfly, que dura 17 minutos, y en aquellos tiempos pertenecía al género “underground music”. Este tipo de música se bailaba con un balanceo repetitivo y aburridísimo, a eso se le llamaba bailar Onda, ¿?. Otros bailes cómicos de la época y un poco posteriores fueron el patico, el coyulde y el Bim Bom o Bin Bon, como sea. Todo eso estaba presente en las fiestas, en las que la vestimenta era botas marca Centauro, el pitusita de la ropa de trabajo que daban en la escuela y cualquier camisa o pullover.

 

Respecto a esto de la ropa, recuerdo algo que me molestó muchísimo, incluso durante años, dado ese carácter complicado que ya dije que tengo, y les conté antes. Me duró hasta que dejé de juzgar el comportamiento de las personas, y aprendí a aceptarlas tal cual son, aunque no todo me guste. Pues les cuento que el día que repartieron la ropa de trabajo, evento que era todo un acontecimiento para la mayoría , uno de nosotros, que no menciono para no herir susceptibilidades, y también porque estoy seguro que él mismo no se acuerda, o nunca supo lo que hizo, sacó un pitusa Lois de su nylon, nuevo de paquete y regaló el de la escuela ... ¡tremendo número! De esas fiestas no se me olvida Valdivia, porque tenía la habilidad de “forrear ” las canciones en inglés, o sea, usar palabras parecidas a las de la canción, aparentando que las cantaba en el idioma original, en eso era todo un experto.

 

Pero sin lugar a dudas en eso de bailes, fiestas, etc, los festivales de la FEEM, que se hacían en aquel entonces, tuvieron el protagonismo total.

 

Los festivales eran en tiempo de vacaciones, se hacían en los mejores teatros de la ciudad, recuerdo el García Lorca y el Mella, y de ellos salieron artistas famosos, como Virulo y Maceito, el cantante de Sierra Maestra.

 

El año de nosotros siempre iba con una danza afro y siempre la danza ganaba, de verdad que quedaban muy bien montadas. Para mi la mejor de todas fue El Pájaro Lindo, con Ana Luisa Lubián haciendo del pájaro y en la que también bailaban, Polé, Gustavo, Quesada, Hilario y Ana María. Yo jamás bailé en ninguna, pero siempre estaba en los ensayos e incluso en el teatro tras bambalinas, tremendos buenos ratos pasábamos en ese ajetreo.

 

Pudieran decirse más cosas y hacer otras anécdotas, pero ya tengo ganas de hablar de uno de los mejores años que pasé en la escuela, 9no grado.


9no.

 

Este fue el año más espectacular de los que viví en la escuela, aquí empezó la consolidación de la unión que tenemos todavía hoy en día.

 

Éramos los más viejos en la Coronela, porque el preuniversitario no se hacía allá, si no en Vento-Pre, que estaba por Fontanar, aunque nosotros no llegamos nunca a Vento-Pre, fuimos directo para la Lenin que se terminó de construir en 1973.

 

Por ser los más viejos me recuerdo que teníamos la posibilidad de jugar baloncesto en el tabloncillo de la escuela dejando para los demás la cancha de cemento en donde estaba el merendero.

 

En este año se produjo la 2da gran entrada de gente a nuestro año, las otras dos en 7mo, por supuesto, y en 10mo cuando se inauguró la Lenin.

 

El 223:

En este año retornamos a la Coronela. La mayoría de los albergues estaban en la avenida 23, a mi, o mejor a nosotros, nos tocó el 223, que era el primero de todos, en la esquina estaba la casa de los profesores, donde vivían Eduardo “Pititi”, Mitjans y Rizo, hummmmm “!Qué trío¡, después había una casa particular y a continuación el 223, que era de 2 plantas.

 

Había dos albergues de varones que no estaban en 23, El Habana Libre y otro, que era una casa de varios niveles con escaleras de madera preciosa, también tenía un nombre, pero no me acuerdo.

 

En el Habana Libre, que también era de 2 plantas igual que el 223, hay anécdotas simpáticas. Una, con una confusión de Eduardo “El yogurt”, con el profesor Eduardo “Pititi” y otra de un cocinero que llegó a despertar al albergue para la formación de la mañana, nadie se quería levantar, y a aquel hombre se le ocurre decir: “A todos los embecaítos de este embergue, abajando pa´bajo”, ahí mismo se formó el relajo y todo el mundo se despertó, por supuesto riéndose y burlándose. La gente se levanta y comienzan a bajar, y cuando llegan abajo, el colofón de las cangrejadas, con la pregunta: “alguno de ustedes tiene alguna íntima personal conmigo”.

 

Este cuento Fraga lo hacía para orinarse de la risa y por cierto Fraga bautizó a montones de gentes con apodos que cargan hasta estos días, de los más célebres es el de José Antonio: “Botella”, seguro que la mitad de la gente no sabe los nombres del gordo.

 

Pastos y forrajes: La jugada perfecta

El grupo 6: El gran error

El comienzo de la unión:

Ya he hablado de los círculos de interés y también del trabajo de dar clases entre nosotros y a otros grupos de años inferiores. Hay que entender, que estábamos en la Escuela Vocacional de Monitores de Vento, lo de Monitores ya está claro, pues bien los círculos de interés ayudaban a motivarnos para escoger nuestras futuras carreras en la universidad, aunque no se cumpliera en un por ciento alto, si hubo quienes estudiaron carreras afines a alguno de los círculos de interés en que participaron, por ejemplo Gustavo estuvo (casi valga la redundancia, eh?), en uno de navegación y ahora es jefe de máquina en la Marina Mercante de Cuba, tenemos varios Físicos y Físicos Nucleares, Zabala, el Flaco, el Pollo, Oscar que estuvieron en 13er grado en el círculo de Nuclear, y yo, que también estaba, pero que quería estudiar electrónica nuclear, que era la esfera relacionada con los equipos eléctricos y electrónicos que se usan en esa rama de la ciencia, lo que pasa es que yo no pude estudiar electrónica nuclear, esa carrera no vino, así que estudié electrónica a secas, en la CUJAE (ISPJAE), en fin al menos para algunos los círculos de interés sirvieron para algo.

 

Los Círculos de Interés más cotizados eran los de Espeleología y de Navegación, en este último, se salía a navegar por unos días al final del curso, lo que era toda una aventura.  El de Apicultura, también era de los que más gustaba,  no sé por qué siempre tenía muchachas bonitas en su plantilla.

 

Pues resulta que este año había que formar un círculo de Pastos y Forrajes, y tenía que tener 16 alumnos. El esposo de Elsa Candás trabajaba en algo relacionado con eso, de ahí debe haber venido la necesidad de los pastos y los forrajes.

 

Es fácil imaginar que este círculo, nadie lo iba a pedir, qué era aquello de andar preocupados por la comida de las vacas o cualquier otro tipo de ganado, no es que no sea importante, aclaro, pero allá al que le gustara, a nosotros seguro que no. Es este el momento del surgimiento de una idea, que creo puede haber partido de Hilario, el Fide, los dos, o a lo mejor 2 ó 3 más. La idea fue reunir a 16 “voluntarios”, para pedir Pastos y Forrajes, definitivamente ¡BRILLANTE IDEA!.

 

Nos reunimos 16 que hacíamos buenas migas, algunos habíamos entrado en 7mo y otros en 8vo. En el grupo estábamos Hilario, el FIDE, Verdera, Julito, Parrado, Bárbara Calero, Pérez Lugo, yo y otros que desgraciadamente no recuerdo.  Entonces seleccionamos A Pastos y Forrajes, como nuestra “preferencia” a la hora de seleccionar el círculo de interés para ese año.

 

¡Tremendo revuelo causó en la dirección, este movimiento a favor de la mejora de alimentación del ganado!. Por supuesto que todos los profesores se dieron cuenta de lo que habíamos hecho, pero se quedaron sin posibilidades de ripostar, porque nadie más pidió P y F, primero, a nadie le gustaba y además hicimos el trabajo “sucio”, de garantizar que sólo fuéramos nosotros los que lo pidiéramos.

 

Por desgracia (para la dirección),  ya habían hecho el compromiso de formar ese círculo de interés y no podían volverse atrás. Resulta que hasta nos “llamaron a contar” cuando se dio la reunión informativa de la repartición, para advertirnos de que lo habían tenido que hacer, que no quedaba más remedio porque nadie más lo había solicitado y que cuidáramos nuestro comportamiento porque “los ojos de la dirección estaban sobre nosotros” ...... uyyyyy  ¡que miedo!, ¡que risa! y ¡que contentos nos pusimos! Que manera de disfrutar, cuando nos fueron llamando uno a uno y nos íbamos dando cuenta de lo que habíamos conseguido.

 

Pero la historia de P y F no termina aquí, qué hizo la dirección para contrarrestar aquella jugada que le habíamos hecho?, pues unir nuestro grupo con el círculo de Cibernética, o matemática, o algo así, que supuestamente estaría integrado por “abelarditos estudiosos”  muy disciplinados y que en su mayoría eran de nuevo ingreso.

 

¡Gran error!.

 

Óiganme, dentro de aquellos matemáticos los habían “de la peor calaña”, por ejemplo el Flaco, Oscar, Carlos de Armas, Dalmendray y Pepín Gundián. Este último era la pata del diablo, recuerdo que era militante de la UJC, ¿?, entre los más viejos en la escuela sólo habían 2 ó 3, a Pepín lo sancionaban en la juventud cada 2 meses y por último justo al terminar el curso ya le iban a quitar el carné, pero su último acto fue llevárselo, de a pepe, como se dice. No se me olvida Pepín, primero caminando y después corriendo por 222 en dirección a 51 dando brincos y diciéndole adiós con su carné de militante en la mano, a la organizadora del C/B, que era una mulatica de lo más buena gente, pero este personaje la dejó en una pieza, no pudo alcanzarlo. Al año siguiente no volvió y no he sabido nada más de él.

 

Se dan cuenta que clase de piquete formamos entre nosotros y la dirección, tremenda colaboración, si se lo hubieran propuesto nunca lo hubieran logrado.

 

Estos dos círculos formaron el grupo 6 de 9no grado, que además estaba íntegro y solo, en el 223, que era el albergue que estaba más cerca de la casa de los profesores, a lo mejor para “aumentar el control ” sobre los 16 miembros ilustres de Pastos y Forrajes. Este fue el mejor grupo de todos a lo largo de nuestra estancia en la escuela, el de grado 13 también fue bueno, pero no tanto. Hicimos relaciones excelentes entre los 16 y los nuevos que nos endosaron en el grupo, para “contrarrestarnos”.

 

Pastos y Forrajes tuvo su canto que llevaba intrínseca una burla, tenía como base el aplauso de la escuela y una letra muy profunda, que decía:

 

Ja ja ja já, ja já, ja já

Ja ja ja já, ja já, ja já

Pastos y Forraje, Pastos y Forraje

¡YEEEEEEEH!

 

Las actividades de P y F se desarrollaban cerca de Las Guásimas y Managua, o sea, en casa del ....... Íbamos en guaguas Girón, a las que después les pusieron aspirinas, porque aliviaban, pero no curaban, cuando se empezaron a usar como transporte público en una época que estaba mucho peor que lo que siempre ha estado. El camino obligado era coger por calle 100 y pasábamos por frente a casa de FIDE, ahora pasaríamos por el fondo, porque hubo que cambiar la entrada de algunas casas cuando hicieron el lazo de 100 y Boyeros. Cada vez que pasábamos por ahí le gritábamos a coro al hermano más chiquito del FIDE, Enriquito, esto era un hecho folclórico muy de nosotros.

 

Se puede suponer sin esfuerzo alguno que el círculo no aportó nada interesante, sólo la merienda, que si era buena, pero en fin, ese era el precio irrisorio que teníamos que pagar por haber formado el grupo a nuestro antojo.

 

En el grupo 6 hubo una sola nota discordante, o que lo hace más real y auténtico, la puso Manuel Jorge, que era de nuevo por cuenta de fumar escondidos y yo metido en el medio de nuevo. A este señorito lo cogió Pititi fumando o con cigarros en el bolsillo, daba igual, le hizo una encerrona y el muy ...... echó p´lante a malanga. Ya en este año había más fumadores, y no había que recoger cabos en la calle porque empezaron a vender los cigarros por la libre. Esto no tuvo consecuencias, porque en buena ley el gordo Pititi era buena gente, aunque trataba de dar una imagen contraria, tenía un dicho que decía algo así como  “!Jamás gallo, jamás!”, que usábamos entre nosotros en tono de burla. Pero bien esta nota discordante no impidió que formáramos un grupo excepcional que yo creo que sirvió de base para llegar hasta lo que es hoy nuestro gran grupo, los graduados de 1977, la 4ta graduación de La Lenin.

 

El Paja, Ana Mary, Verdera y otros:

Esto no es un triángulo amoroso, aunque se parece bastante, pero este, es el final de esta mini historia, empecemos por el principio.

 

El Paja es el apodo más célebre de todos y no fue Fraga quien lo acuñó, si no  un cocinero llamado Richard, con tremendo tipo de delincuente y que era tremendo jodedor, se pasaba la vida corriendo máquinas mandando a la gente a buscar la paleta de goma para mezclar el aceite y el vinagre, el torniquete para achicar tenis, o cualquier otra barbaridad. Ah! Una aclaración para los que no conozcan toda la historia, El Paja es Hilario, ahora cuando uno mira al Juez ve a un gordito, pero antes era flaco a matarse, y por eso Richard le puso  El Paja, porque decía que era flaco así por estar siempre ...... bueno, con el apodo de base imagínense el resto.

 

Como este fue el curso de la llegada a la adolescencia, comenzaron a aflorar también las novias y las salidas con ellas, siempre hubo adelantados (como Diego Velázquez) y otros que se atrasaron más, pero bueno. Para mi fue el año de mi primera novia y es una historia graciosa entre El Chelo, Polé, María Rosa y yo. Resulta que yo estaba “puesto” para María Rosa y el Chelo para Polé, el Chelo y yo siempre nos llevamos muy bien, armamos una buena yunta en este curso, entonces un día viene él y me dice que “le habían informado” que estábamos equivocados, porque  los intereses de María Rosa y Polé con nosotros eran a la inversa ... cero problemas y ningún daño, hicimos el cambio gustosamente complaciendo a la parte femenina, si siempre pasara así, verdad?.

 

Pero bien, retomando el tema central, en este curso nació LA PAREJA de nuestra generación en la Lenin, Hilario y Ana María, la que también tuvo un trabajo encubierto para su formación, hecho por Verdera. Yo no recuerdo si fue en el año 72 ó 73, de cualquier forma ya llevan mas de 40 años juntos, todo un record para estos tiempos donde las uniones duran poco, por cierto que Verdera no llevará 40, pero pueden ser mucho más de 20 con su esposa, así que al parecer el hombre tiene el don, como el Rey Midas, pareja que toca, relación para toda la vida. Voy a tener que hablar con el Verde para ver si me consigue una novia que me dure mas de 7 años, ¡carajo! de ahí no paso y ya estoy bastante viejo.

 

Pues sí, Hilario y Ana María o el Paja y Ana Mary como quieran decirles, son la referencia, y para que ustedes vean, los hijos no se les han traumatizado, aunque sigan viviendo junto con sus padres, el más chiquito ahora va para la Lenin a seguir los pasos de ellos dos, y por qué no, los de todos nosotros. (Ya se graduó este propio año de la Universidad).

 

Más fiestas y los 15:

Nunca fui a tantas fiestas y 15 como en este curso. Las fiestas que más recuerdo son las de casa del Chelo, donde tomábamos vino de arroz que hacía su papá y se oía y se bailaba la música de los Beatles, Led Zeppelin, Chicago, Santana, Aguas Claras, etc, todavía esa es la música que me gusta oír, es que es verdaderamente auténtica.

 

De los 15 hay 3 que los tengo dibujados claramente, los de Ana Mary, que se hicieron en Tropicana el día de su cumpleaños, el 23 de septiembre y además de que quedaron muy buenos y de que fueron en Tropicana, como la vieja Laudelina cumplía años el 22, recuerdo que hice una colecta entre varios de nosotros para comprarle una caja de bombones finos y regalársela por su cumpleaños. Otros fueron los de Rebeca Ruiz Romero, RRR (al año siguiente entró otra RRR, Rebeca Rosales Reyes, casualidad de la vida), esos en el Hotel Nacional, montados por Mitjans y bailados con la música del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, con aquello de “Esta es la nueva escuela, esta es la nueva casa .....” y otras más. Los terceros fueron los de Madelín Izquierdo, en el Turquino del Habana Libre, nada más y nada menos que con los Kent, uno de los grupos de rock más cotizados de la época y no aceptados por los medios de difusión, me imagino que por el tipo de música que tocaban y porque cantaban en inglés, sin embargo hoy día ya viejos y sin la popularidad entre los jóvenes de ahora, ni los de antes, es que salen por la televisión, como se dice cosas del Orinoco ...., en esos 15 bailó Liliana García, que no estaba en la escuela todavía pero era del barrio de Madelín (Casino Deportivo), entró en 10mo, y que después fue novia de Oscarito bastante tiempo.

 

La Lenin en el horizonte:

Ya en 9no grado se comenzó a hablar de la Lenin entre nosotros, porque entonces al pasar para el preuniversitario no iríamos a Vento Pre, si no para la Lenin, todos queríamos ir para Vento Pre, desde que estábamos en 7mo, pero no nos tocó.

 

La primera aproximación fue ir a ayudar a la construcción, la primera vez que fui sólo estaban construidos los albergues que serían de secundaria, un comedor y un pedazo del docente.

 

Después llegaron los uniformes nuevos con su ya tradicional color azul, y acompañados del monograma rojo y los famosos “kikos plásticos”, eran de poliéster (“wash&wear”), el Paisa no necesitaría nunca más almidonar sus camisas y pantalones. Sólo podíamos usarlo para salir de pase los sábados y había que entregarlo el lunes al regresar, bajo estricta supervisión y control.

 

Por último, está el trabajo que hacíamos en la Industria Deportiva, donde cosíamos pelotas de béisbol, balones de fútbol y volleyball, torneábamos bates, etc,  allí nos enteramos que en la Lenin habría una Industria Deportiva también, ¿industria deportiva?, no solo eso, en la Lenin habían varias industrias o fábricas y pensándolo bien ahora, es verdad que la concepción de lo que iba a ser y luego fue era fantástica, pero por ahora, nada más, este tema queda, como en las telenovelas, para el próximo capítulo.

 


La Lenin (1973 -1977):

 

Aquí me voy a tomar la licencia, de no seguir la historia en un orden  estrictamente cronológico, es que este período, me gusta verlo como un todo, como si hubiera sido un curso de 4 años, o como si todo ese tiempo hubiera transcurrido en uno solo.

 

Fue nuestra segunda casa, al menos, creo que lo fue para la mayoría. Era una instalación impresionante, por su extensión, su capacidad, teatro, gimnasio, canchas deportivas, industrias, hospital, etc, etc, etc.

 

Desde el albergue de los profesores, que estaba pegadito a la laguna de oxidación, hasta la fábrica de pilas y de computadoras puede tener 2 Km. o más, construida para una capacidad nominal de 4500 alumnos, un cine teatro, el gimnasio, que era un gran tabloncillo de maderas preciosas traídas de no me acuerdo dónde, con posibilidades para practicar baloncesto, volleyball, balonmano, gimnasia, pesas, judo, etc, allí iban a entrenar los equipos nacionales de volleyball y balonmano, así como también se hicieron exhibiciones de baloncesto sobre sillas de rueda, aunque juegos de baloncesto buenos los de nosotros, además habían entre 15 y 20 canchas de cemento para baloncesto y volleyball, 2 piscinas olímpicas, un tanque de clavados con su trampolín de 10 metros y todo, varias canchas de tenis, 2 campos de pelota, una pista de 400 metros, en fin, que aquello no era una escuela deportiva, pero como si lo fuera.

 

Detrás del campo de pelota que estaba para la parte de secundaria, había un huerto, al que había que ir a trabajar y que tiene para nosotros dos historias significativas, una muy triste, la de Saúl, que por estropear algunas matas, frutas o lo que fuera, iban a llamar a sus padres y el muchacho decidió ahorcarse para no enfrentar el problema, de ...., y la otra relacionada con Doll, con aquello de que se iba a alzar y se iba  a ir para el huerto, cada vez que, por una causa u otra, se quedaba sin merienda.

 

Un tema aparte merecen las industrias, ya saben de la deportiva, versión reducida esta en comparación con la de Santa Catalina, sólo se cosían balones y pelotas, pero había una ensambladora de radios, los agrícolas, no muy bonitos y si grandes por gusto, pero buenos, todas las piezas eran japonesas, en la ensambladora recuerdo que había hasta una jaula de Faraday para el ajuste de los mismos, una ensambladora de computadoras, las CID 201, que se convirtió después en la CID 201B y por último en la CID 300, esta última si tuvo un uso bastante amplio en todo el país, la fábrica de pilas Yara, de todas las medidas, en aquel entonces R6 (ahora AA), R14 y R20 (conocida actualmente como A), las pilas no eran muy buenas, la fábrica a cada rato tenía problemas, pero se hacían pilas al por mayor. Trabajar en ellas daba la posibilidad real de tocar con las manos como se dice, procesos productivos, así como de abrirnos “las entendederas” para nuestro futuro como estudiantes universitarios y trabajadores.

 

El edificio docente, realmente imponente, se extendía desde la parte de secundaria hasta preuniversitario, con la sección de la dirección general en el medio. Aquí en el docente habían una serie de laboratorios de física y química, pero los más espectaculares que eran los de idiomas, con sus grabadoras y audífonos, donde dábamos clases de inglés por el entonces famoso y novedoso “Método Alexander”.

 

Además, por supuesto, estaban los albergues con sus letras y números, desde el A1 hasta el K9, cada uno para 60 alumnos, hasta 1982 en que sufrieron una remodelación que implicó una división en cubículos más pequeños, producto de que la Lenin fue usada como Villa en los Juegos Deportivos Centroamericanos de 1982 desarrollados en la Habana. Todos con literas dobles y un módulo de taquilla y banqueta para cada uno. Las banquetas no pudieron sobrevivir todas ante el empuje de las libras de algunos de nosotros y los tirones que les dábamos.

 

Otra cosa también significativa eran los comedores, uno para secundaria y otro para preuniversitario, cada uno con máquinas para hacer helado y todas las condiciones de calderas, etc. Relacionado con esto, hubo u cambio radical cuando llegamos a Lenin, fue en la alimentación. Desde la perspectiva de estos tiempos era fantástica, desayuno que consistía casi invariablemente de leche y pan con mantequilla, buen almuerzo,  buena comida y dos meriendas una por la mañana y otra por la tarde, siempre con malta o refresco y algún dulce. De comedores, y otra merienda “extra”,  ya saben, les cuento más adelante.

 

A esta instalación a la que le cabían todos los adjetivos grandilocuentes que pueden existir llegamos en 1973 y la disfrutamos hasta 1977.

 

La inauguración:

Otra vez Fidel:

Brezhnev:

Desde el curso anterior los alumnos de preuniversitario que estaban en Vento Pre pasaron a la Lenin, pero la inauguración fue el 31 de enero de 1974, una práctica bastante generalizada en nuestra sociedad de inaugurar cosas que ya estaban en uso desde algún tiempo atrás.

 

La inauguración llevó un período de preparación largo y arduo. Tuvo una parte cultural con danzas y cantos, una tabla gimnástica gigantesca con cientos de participantes y la interpretación por la banda de música de la escuela de los himnos de Cuba y la URSS, los ensayos de la banda eran a todas horas, nos aprendimos la música del himno de la Unión Soviética a la perfección, no se me olvida que Botella, silbando, hacía un gracioso empalme del himno con la canción Recuerdo de aquel largo viaje, que cantaba Farah María, si se acuerdan del himno y de la canción verán que empalman de maravilla (primero la canción y después el himno, al revés no funciona), el gordo siempre estaba jodiendo con eso.

 

 

Pues lo del himno de la URSS fue necesario porque a la inauguración vino Leonid Ilich Brezhnev, el mismísimo Primer Secretario del PCUS y presidente de aquel país. En aquel entonces no recuerdo que ese hecho pareciera muy importante, pero mirado desde la perspectiva actual fue algo muy significativo y al menos para la Lenin, histórico.

 

De su visita a la escuela, aparte de algunas fotos, LIB dejó un cuadro que representaba a Lenin hablándole a una multitud de trabajadores, fíjense que digo una multitud, en aquel cuadro podría haber decenas o quizás más de 100 rostros, todos con caras y expresiones diferentes, desconozco su valor como obra de arte y además no soy crítico ni especialista en la materia, pero para mí está excelentemente bien pintado, cada vez que pasaba por la dirección me detenía a mirarlo y me ejercía cierto poder de atracción.

 

Por último y lo más importante para mi, fue que LIB dio la posibilidad de que los mejores estudiantes de cada año dieran un viaje a la URSS en las vacaciones, siempre iban alrededor de 30 y fueron las primeras salidas al extranjero para la casi totalidad de los seleccionados. Hubo un grupo que llegó a montar el TU-144, el avión supersónico soviético que emulaba al Concorde, pero que no tuvo éxito al estrellarse algunos, por suerte no en el que viajaron los mejores de la Lenin en ese año.

 

Fidel también estuvo en la inauguración, por supuesto, pero esta vez nada cerca de nosotros como en las visitas anteriores a Vento.  Después sólo recuerdo que fue una vez más para la inauguración de unos laboratorios de idioma que había donado México. Arnaldo el Topín debe acordarse bien de esta visita, porque le cayó atrás dando gritos a la comitiva donde iba el Fifo por los pasillos del docente y uno de los escoltas “lo bajó” con un “golpecito” en las costillas y siguió su camino sin mirar atrás, muy profesional eh?

 

Pues sí, después de aquel 31 de enero de 1974, comenzó a correr el tiempo y la historia oficial de la mejor escuela que había en el país y quizás entre las mejores del mundo, y que nosotros, los “viejos en beca”, los que estuvimos en Vento, pudimos heredarla para nuestra suerte.

 

Los círculos de interés, final:

Por supuesto que se mantuvieron los círculos de interés, sin mucha variación, Navegación, Apicultura, etc, pero yo pasé por dos nuevos, el de la Harina en 10mo y Nuclear en 13ro.

 

Yo no se por qué se llamó de la Harina, en realidad adonde íbamos era a las fábricas de leche y helado, ¡genial!. Aprendimos un poco del proceso productivo de esas industrias, sobre todo en Lucero y en Guarina, la pasteurización de la leche pasándola de frío a calor y viceversa y la fabricación del helado el cual tiene casi un 50% de aire en su mezcla para lograr la consistencia, esto podrá ser muy científico, pero me sabe a poquito. Lo que si hicimos fue tomar yogurt y comer helados, bocaditos y lo que más me gustaba, que era meter el vaso en el chorro que iba llenando la tina de helado.

 

El círculo de Nuclear tuvo más significación para muchos de nosotros, fue un grupo también, el mejor después del grupo 6 de 9no, de aquí salieron varios físicos y físicos nucleares, pero con algunos trabajos, porque cuando llegaron las carreras, sólo vino física teórica para estudiarla en Odesa, nada de Física Nuclear, ni de la electrónica relacionada con esa rama. Hubo que escoger otras para ir a estudiar a la Unión Soviética, que era un sueño para muchos, o quedarse estudiando en Cuba, como fue mi caso. Recuerdo que la única carrera de las que vino para la Unión Soviética, que tenía un nombre relacionado con la electrónica, fue Máquinas Eléctricas, pero no me llamó la atención, creo que Raúl Fidel y Rego la escogieron y la estudiaron, yo me gradué de ingeniero electrónico en la CUJAE. La de Física la seleccionaron Oscar, el Flaco, Zabala y el Pollo (Mario Mora), los cuatro partieron para Odesa y como en 2do año o algo así tuvieron la posibilidad de ir para la Universidad de Lomonosov en Moscú, a estudiar Física Nuclear, pero tenían que atrasarse un año, sólo fueron Oscar y el Pollo, Zabala y el Flaco se quedaron. Así que de todo un grupo que pretendía estudiar carreras nucleares 4 fueron los afortunados.

 

Los profesores:

En mi opinión este era uno de los grandes patrimonios que tenía la escuela. Tuvimos profesores excelentes, lamentablemente no puedo acordarme de todos, pero aquí van historias de algunos de ellos:

 

El Gallego, profesor de matemáticas, tan recto como buena gente. Del Gallego recuerdo una anécdota relacionada con el Flaco: el Flaco es una persona muy, muy inteligente y muchas cosas que dábamos en las clases, él ya las había estudiado (repasaba al padre y a sus compañeros de trabajo que estudiaban en la Universidad), entonces el Gallego para que no se aburriera, le ponía unos ejercicios, que nadie entendía, en una esquina superior de la pizarra, y le decía con su seseo característico “Jorgito, esto es para tí, cuando lo termines puedes irte”, puede parecer banal, pero para aquella época era una muestra de amplitud de mente extraordinaria, el Flaco hacía el ejercicio, se lo enseñaba y el Gallego lo dejaba irse.

 

María “Puñetazo”, profesora de Español, buenísima gente, su hija estudiaba con nosotros, Rocío León, una muchacha preciosa. MP tenía un metal de voz y una forma de hablar que dormía a cualquiera, aunque lo estuvieran operando sin anestesia. No se me olvida que el aula se le iba quedando vacía mientras transcurría el turno de clase, la gente se iba parando y saliendo por la puerta, y ella imperturbable, podía empezar con 30 alumnos y acabar con 15 sin que pasara nada.

 

Villarreal, profesor de Química, con su bigote enorme y siempre sonriente, con una capacidad para explicar su asignatura, que la hacía extremadamente fácil. Fue el profesor guía de nuestro grupo de Nuclear en 13er grado.

 

La pareja de biólogos, eran un matrimonio, él, gordito y chiquitico y ella un poco más alta, pero no mucho. Excelentes personas y profesores también.

 

Elsa Candás, profesora de Español, también tenía una hija en nuestro curso, Diana Amarán. Un año llegó a ser la directora del nivel y la pobre, como tuvo que soportar cosas ese año con las congas después de las recreaciones.

 

También recuerdo a Alcira, que fue directora y a Caruca, muerta de risa, mientras alrededor de 60 alumnos pasábamos por encima de Bravo en un salón de estar de uno de los J, después de habernos “cogido” mirando televisión a deshora.

 

Hubo dos grupos de profesores que dejaron huellas significativas por las relaciones que se establecieron entre nosotros, los de educación física: Tony, de gimnástica, el Canda, de natación, que fue novio de Perlita, Ángel Bell mi iniciador en el baloncesto y un bigotón, también de baloncesto, muy capaz y muy paciente, que me complementó los conocimientos en ese deporte, que sigue siendo mi preferido.

 

Pero sin lugar a dudas las palmas se las llevan los físicos que fueron los que más se compenetraron con sus alumnos ..... y alumnas, Samá - Consuelo Vento, Emilio - Miriam Tirado y Gildo, el gigante en sandalias y sin medias (este fue otro de los adelantados, ahora es una moda, en aquel entonces, para nada), que fue esposo y padre de los hijos de Marié, Julito la yunta de Gildo y para finalizar Rumbavana, con su caminado característico que le valió ese apodo.

 

En 10mo grado se pidió la disposición de todos para dar el paso al frente e incorporarnos al Destacamento Manuel Ascunce, muchos lo dieron voluntariamente, pero también se ejerció bastante presión para lograr el 100% de disposición. De los seleccionados hubo un grupo que formó un buen equipo en la asignatura de Educación Laboral: Santiago, Pepocha, Claudio y Nelson Figueredo, como ya les conté antes.

 

Finalmente un aparte para el más singular de todos, no por su calidad como profesor, pero si por la huella tan profunda que dejó, GUERRERO. Venía desde Vento y siempre fue encargado de la disciplina, algo que hacía a la perfección, todo un profesional. No obstante del respeto y a veces miedo que infundía entre los alumnos, se ganó el cariño de todos, Guerrero era una sombra, aparecía en el lugar y la hora precisa, cuando menos uno se lo esperaba. Él lo veía todo y nadie lo veía a él, uno de nosotros podía haber hecho algo y creerse que había pasado inadvertido, pero al cabo de los días aparecía Guerrero y le preguntaba: “Fulano(a), que estaba haciendo usted tal día, a tal hora, en tal lugar, etc, etc”. Podía pensarse que tenía “poderes” o que eran varios hermanos, porque parecería que Guerrero estaba en todos lados al mismo tiempo, además se sabía el nombre de todo el mundo.

 

Es el profesor que más anécdotas tiene, recuerdo las formaciones y él en la tarima con un despertador, esperando por la gente, o subido en la torre del tanque de clavados o en el tanque de agua, con sus prismáticos, oteando el horizonte cual vigía, pero no buscando tierra como Rodrigo de Triana, si no “cazándole la pelea” a cualquiera que estuviera en el lugar y la hora equivocados.

 

Yo tengo mi cuanto con él, en una ocasión salimos Alina y yo de uno de los salones de estudio, ella primero y yo después, sigilosamente y “sin ser vistos”. Llegué a mi albergue, me acosté a dormir y no se a qué hora, pero ya estaba en el quinto sueño, me despertó un socio y me dice que Guerrero me esperaba en salón de estar, dije para mi ¡ÑOK!, ¿qué pasaría?. Me visto, salgo, y allí estaba el hombre, fumando tranquilamente, me invitó a sentar y me dio hasta un cigarro, a él le gustaba eso, ser el dueño absoluto de la situación, y en este caso lo era sin dudas, yo estaba totalmente confundido porque me creía “inocente”, pero algo raro pasaba. La escena era digna de una película de mafia, allí estaba yo con Guerrero, fumando y sin hablar nada, entonces de pronto me dice mis dos nombres y mis dos apellidos, como le gustaba hacer para demostrar su conocimiento de todos nosotros,  me pregunta qué tiempo llevaba en la escuela, si yo sabía a qué hora se acababa el estudio, y entonces así, sin más ni más me suelta: “tiene que tener más cuidado y dejar cerrada con seguro la puerta del salón de estudio cuando usted sea el último en salir”, aquello me dejó tieso, era como para dejar caer el cigarro de los labios o simplemente tragárselo, cómo era posible?, donde estaba Guerrero que no lo vimos?, lo había visto todo?, ahí mismo se levantó, me palmeó la espalda y me dejó con la boca abierta y el pulso a 120. Así era Guerrero, con cualquier otro profesor podía haber significado a lo mejor hasta una expulsión de la escuela, pero no con él, le bastaba esa aureola mística de omnipresencia que lo rodeó siempre.

 

 

Las Olimpiadas de Matemática:

La Lenin siempre ha sido una escuela formadora de talentos, de entrada hay que mantener un promedio superior a los 85 puntos para mantenerse en ella,  nuestra generación tuvo los suyos, por ejemplo Sara Duyos, que estaba 1 año por encima de nosotros y que es la primera que recuerdo que fuera a las Olimpiadas Mundiales de Matemática. En el año de nosotros había varios, el Flaco, que nunca se presentó a esos concursos, no sé por qué, Carlos Bilbao, Alfredo Torres (el Regao), Jorge Fernández (su mamá era profesora en la escuela) y Carlos de Armas, que fue el más constante de todos en este tipo de eventos, llegó a ganar el concurso nacional previo a las Olimpiadas con el máximo de puntos y nos representó en las que se desarrollaron en la antigua Yugoslavia.

 

 

Deportes:

Con tantas instalaciones deportivas era difícil que no hubiera un buen desarrollo en estas actividades. Sin lugar a dudas las vedettes eran los deportes acuáticos y el baloncesto, aunque también había buenos equipos de pesas, lucha y pelota. En este último se destacaban el Lulo, Bárbaro, “Alain Delon” , el Boy y el Cabilla.

 

Además, había un equipo de un deporte no olímpico, pero que adquirió tremenda fuerza, el equipo de barras, que básicamente lo integraban el DINA, el hombre de la voz de trueno, que sonaba como el motor de las guaguas DINA, Víctores y Medel, este último era tremendo nadador del estilo pecho y devoraba piscina tras piscina, con Vivian, la novia, sentada en las gradas de la piscina de secundaria, después iba para el baño del albergue a “meterle” a las barras y viceversa, en sus ratos libres, asistía a algún que otro turno de clases. Hubo otros, pero éstos fueron los más constantes.

 

Las dos piscinas olímpicas y el tanque de clavados funcionaban perfectamente. Teníamos a varios egresados de la Marcelo Salado como el Rufo, Jorge Emilio, Zayas y Medel. Se desarrollaban buenas competencias de natación, polo acuático e incluso de nado sincronizado. Las piscinas tenían un grupo de personajes asociados conocidos por “caras de rana”, no salían de ellas y vivían “una onda” bastante ecléctica, nada, que había de todo en la viña del señor.

 

El baloncesto era mi deporte y además el de más rivalidad entre los distintos años. Nosotros teníamos muy buen equipo, por ejemplo, un quinteto abridor podía ser el Flaco, Verdera, Forns, el Regao y yo, pero quedaban otros buenos como Paquitín (Ariosa), el Hijo, Felipe Soto, el Chupao, etc.

 

Los partidos más enconados eran con el nivel de abajo, junto con el que después nos graduamos, porque nuestro curso fue el último que hizo grado 13, entre sus mejores jugadores estaban Guerrerito, Agramonte y Tabares, este último apellido ya goza de una celebridad muy bien ganada, porque este Tabares es el hermano de Carlos, la bujía y jardinero central de Industriales y el equipo Cuba de pelota.

 

 Esos juegos de baloncesto terminaban casi siempre como la fiesta del Guatao, era una batalla campal en el terreno de juego en la que nosotros salíamos vencedores casi la totalidad de las veces. Al final de 13er grado decidimos jugar sólo entre nosotros, ya que la batalla del juego no terminaba al finalizar este.

 

Ya estudiando en la universidad, algunas veces fuimos a jugar contra los equipos de alumnos y profesores del destacamento.

 

Aquí falta por hablar del boxeo, no había equipo, ni tampoco se practicaba, pero en 1974 se celebró en la Habana el 1er Campeonato Mundial de Boxeo Amateur, por cierto ganado por Cuba, con las victorias de Jorgito, Douglas, Garbey, Stevenson y Correa, en pelea memorable con el americano Clinton Jackson. Pero en el mundial, peleas memorables, las de Carrillo, primero con un búlgaro si no recuerdo mal, en la que Carrillo estaba prácticamente KO y de pronto después de darle un derechazo, hubo que ponerle hielo en los pies al búlgaro para despertarlo y la mejor de todas con el Yugoslavo Mate Parlov, que era campeón olímpico y llevaba 5 años sin perder un combate, pues Carrillo se le paró bonito y llegó a tumbarlo 2 veces, en aquellos tiempos 3 caídas implicaban RSC, a Carrillo también lo tumbaron 2 veces, cosa que no era extraña, porque se decía que tenía la quijada de cristal, pero el hombre cargaba dinamita en la mano derecha. La pelea quedó 3-2, pero es de las derrotas, que de todas formas, se recuerdan con agrado.

 

Pues bien, nosotros tuvimos nuestro “Mundial” particular. ¡Que clase de furia con el boxeo!. Se organizaron peleas en los salones de estar de los albergues. Se escogían 3 jueces, una pareja de contendientes cualquiera, más o menos del mismo peso, esto último a ojo de buen cubero, se le ponían toallas en los puños y al sonido de un toallero al caer al piso comenzaba la pelea. Desde esa época yo sé cuanto demoran 3 minutos, porque las peleas eran de 3 asaltos de 3 minutos, ¡como se demoraba en caer el toallero para señalar el final de un asalto!.

 

A mi me seleccionaron para pelear con Bárbaro, ¡que clase de entrada de piñazos nos dimos!. Bárbaro, un tipo callado, siempre sonriente como Marquetti, no decía ni una mala palabra, ¡ni coño decía el negro!. Lo más que le vi hacer cuando estaba muy muy bravo, era echar la boca para adelante y freír un huevo como suele decirse. Pero óiganme, que manera de darme leña, al parecer yo también le di porque la pelea la votaron tablas, una licencia de nuestro “Mundial”, pero en realidad,  de los que me recuerdo, son los golpes que él me dio a mi.

 

Pero para mi las peleas más espectaculares fueron las de Zayas y Raúl Fidel y la del Oxígeno con el Chupao.

 

La de Zayas y el Rufo, no la vi, pero sonó bastante, sobre todo porque aparte de los golpes que se dieron, la emoción fue tal con la entrada de golpes que se estaban dando, que al juez principal se le olvidó tirar el toallero para terminarla, hasta que ellos se dieron cuenta y la acabaron por voluntad propia, marchándose para la piscina a refrescar sin importar el veredicto.

 

La de Oxígeno y el Chupao fue la mejor de todas, aunque no llegó a término. En las primeras escaramuzas, mientras “estudiaban” los estilos de uno y otro, Oxígeno sacó una derecha que le pegó al Chupao en pleno rostro y lo llevó a lona, mejor dicho al piso, sin posibilidad de recuperación, KO fulminante. A Oxígeno sus simpatizantes lo sacaron en hombros de la alegría, al Chupao lo sacaron cargado entre dos para acostarlo en el albergue.

 

Como se ve, la Lenin no era la ESPA, ni una EIDE, pero deportes se practicaban en cantidades navegables.

 

Meriendas nocturnas:

Estas eran meriendas fuera de horario y de todo control. Podían obtenerse tanto en la cocina-comedor como en la cafetería. Las del comedor consistían de la comida que podía sobrar y de pan, y las de la cafetería eran más sabrosas: dulces, malta y refresco. Esto era una actividad completamente ilegal, que podía costar severas sanciones e incluso la expulsión, pero no importaba, el hambre de por la noche y los deseos de aventura hacían olvidar las consecuencias.

 

Se pueden señalar tres acciones comando espectaculares:

1.- La entrada a una de las neveras, que aportó pierna de jamón, queso y cualquier cantidad de latas de conservas, consumidas en el techo de los K. Este tipo de “acción” acabó hasta con la intervención de la policía en una ocasión.

 

2.- La del gordo Fausto, que después de entrar en la cafetería, salió por la puerta no con unos cuantos dulces, si no con una carretilla llena de cajas y una tanqueta de malta, hizo la repartición con absoluta tranquilidad y profesionalidad en su albergue, retornando luego la carretilla, la tanqueta y las cajas vacías a su lugar de origen.

 

3.- A este pudiera dársele el nombre de “El caso del Intrépido Volador”. Resulta que entran al comedor en la noche, entre otros Carta y Paquitín. Cuando estaban en plena faena, aparece Bravo (el mismo al que le pasaron por arriba en el salón de estar) y los coge. Carta, que ya era un pichón de abogado, se paró y dijo que el había visto un “movimiento extraño” en el comedor  y decidió “investigar”, pero Paquitín, que usaba una media para acomodarse el pelo, ni corto ni perezoso, se caló la media hasta el cuello, empujó a Bravo, y salió corriendo por la puerta. Bravo comenzó a seguirlo a la carrera, y es aquí donde Paquitín sufre la transformación a “Intrépido Volador”, sin necesidad de capa roja ni nada por el estilo, saltó por encima de las jardineras del aéreo y cayó al vacío. Bravo, que era mulato, se quedó blanco como un papel, pensando que había causado un suicidio, iluso de él, Paquitín llegó a la tierra y continuó corriendo hacia el albergue sin el más mínimo rasguño. ¡WOW!

 

Los pases:

De los pases de fin de semana, también pudieran contarse cosas, que demuestran esa unión que se crea entre los becados, en general, y en particular,  como fueron afianzándose las nuestras.

 

En 10mo grado, a sus inicios, retornaron los pases cada 15 días, cosa que se había eliminado ya en 9no, y que por suerte no duró mucho esta vez.

 

De uno de esos fin de semana tengo un cuento: dos parejas en el colchón de lucha y un gran despelote, pero lo dejo en suspenso, no es bueno hacer público todas las cosas, no creen?

 

Pues bien, de los pases ya se ha hablado un poco, como de las fiestas, los 15, etc. Pero en el último año, 13, siempre habían actividades que se iban organizando durante la semana, y que nos llevaban a continuar unidos aunque no estuviéramos en la escuela.

 

Por ejemplo, la playa, se llegó a conocer la zona del Hotel Atlántico, en Santa María, como la taquilla de la escuela, para allí íbamos un montón de gente, se dejaba la ropa en un gran bulto y ya, a pasar el día sin preocupaciones.

 

También en otras ocasiones, el punto de reunión, era la casa de Ana María en Santa Fé, allí incluso almorzábamos, generalmente espaguetis,  porque el grupo que se reunía era bastante numeroso. Nos bañábamos en la costa, por la escuelita de la esquina, y jugábamos dominó.

 

Otro punto de reunión era mi casa, donde la playa no existía, pero si se formaban tremendos piquetes de dominó, con una buena cota de cervezas y unos pastelones que hacía la vieja, para chuparse los dedos.

 

Ahora bien, para muchos de nosotros, las actividades de fin de semana más importantes, se convirtieron en ir a la piscina del Hotel Nacional, incluso, con derecho a almorzar en la mesa sueca. Había algunos que ni siquiera pasaban por sus casa, e iban con el maletín de la escuela. Se podía estar desde las 10AM a las 6PM, el dominó también estaba presente, es verdad que se convirtió en un vicio casi incontrolable, porque en la escuela, también jugábamos, me recuerdo de un dominó, con las fichas rojas, y muy chiquito, que era de Luis León, con el se jugaba en la parte de atrás del baño del albergue, hasta altas horas de la madrugada, amortiguando el sonido de las fichas, con una sábana encima de la mesa.

 

La otra fueron las visitas al Reloj Club, ya éramos casi hombres, y muchos teníamos relaciones sexuales con las novias, generalmente escondidos. En esos tiempos ir a una posada, no era una práctica “bien vista”. Pero bien, el Peter, Pedro Pablo Acosta, o el barbero, como mejor quiera decírsele, tenía una novia, que recuerdo que era mayor que él, vaya, que se vendía como un tipo “de experiencia”. Lo fuera, o no, inició a algunos de nosotros en las visitas al Reloj Club, que está en Boyeros y Vento, y que tenía unos reservados en la parte de abajo, con un sofá, tapizado siempre con un vinil verde o rojo, que daba un calor de tres pares. La cosa era que las muchachas iban allá sin protestar, porque aquello no era una posada, aunque en la realidad fuera primo hermano de ellas, y se fuera a hacer lo mismo. En el Reloj Club, gracias al Peter, se resolvió para muchos este problema “psicológico-sexual”, digo “social.”

 

 

 

 

Estudio, Cultura, recreaciones y salones de “estudio”:

En la Lenin las actividades fundamentales eran: el estudio, el deporte, la cultura y las recreaciones, sobre todo de estas últimas, las de grado 13, hicieron época.

 

Del deporte ya he hablado bastante. Con respecto a la cultura hay que decir que había que participar en alguna manifestación cultural, entre las que estaban, danza (recordar las danzas afro), música, donde la guitarra era el principal instrumento que se practicaba y artes plásticas. Tengo la impresión de que en Vento, las manifestaciones culturales tenían más auge, incluso recuerdo que un profesor de artes plásticas fue Bandomo, que tenía un personaje en las historietas cubanas conocidas como Aventuras: Macuto, un troglodita de las cavernas. En su taller Bandomo tenía 2 cuadros a plumilla, pintados por él, por supuesto, uno de la quema del indio Hatuey y otro del desembarco de Colón en Cuba, con las figuras humanas a tamaño natural, realmente impresionante.

 

En la Lenin había una parte del docente, que se le conocía como el edificio de cultura, y se hicieron buenas cosas, recordar la banda de la escuela, también existió un “combito”, que no sonaba mal y hasta una vez se hizo algo así como la elección de “La Estrella” de la escuela, en la que hubo  una gran rivalidad entre Libertad y Alina, no recuerdo ganada por quien, de todas formas las dos eran muy bonitas.

 

En una ocasión Hilario y otros más armaron una obra de teatro, que consistía en un colage de chistes, Hilario desde aquel entonces llevaba lo de artista en la sangre. La obra podía no ser un portento artístico, pero estuvo “en cartelera” mucho tiempo a teatro lleno, la gente se reía a morirse. Recuerdo los chistes del loco y el cepillo, aquel de “Lo engañamos motica, lo engañamos”, uno que hacían Fide y Valdivia, uno detrás del otro, el de adelante hablando y el de atrás moviendo sus manos como si fueran del otro y el último uno que hacían Hilario, Peter y el Pingüino, basado en la canción Por qué te vas?, de la película “Cría Cuervos”.

 

Las recreaciones y el uso de los salones de estudio para actividades extras, tuvieron su clímax en grado 13. Los salones de estudio y algunas aulas, eran ocupados por unos pocos estudiosos y por una gran cantidad de parejas, no tan estudiosas, pero que podían verse abandonar esos lugares a altas horas de la noche, mucho después que se terminaban las recreaciones y que se habían apagado las luces de los albergues ... e incluso la de esas aulas y salones, nada, que mostrábamos una gran “devoción” por el aprendizaje.

 

Las recreaciones alcanzaron una popularidad muy grande, eran casi todas las noches, buena música bailable y mucho baile. Había buenos bailadores, pero yo recuerdo 2 parejas que lo hacían muy bien, una es la ya conocida de Hilario y Ana María y la otra la de Peter el barbero y Madelín. Hilario y Ana María bailaban muy sobrio y parejito, a mi me encantaba verlos bailar, yo no soy para nada buen bailador, será por eso, y Peter y Madelín bailaban con más “ambiente” o “aguaje”, como quiera decirse, pero excelentemente bien. Vaya que eran los Gene Kelly - Cyd Charisse y Fred Astaire - Ginger Rogers, salvando .... “algunas diferencias”.

 

Pero bien, el colofón de las recreaciones eran las congas, siempre terminaban con una conga y arrollando por los pasillos. En esas congas se cantaba cualquier cosa, pero que fuera fuerte, sin lugar a dudas la letra más popular y más disfrutada fue: “Que vanidad, que fantasía, E... C..... amaneció en la cama mía”, cosa que pudiera parecer banal, pero que adquiere un carácter “emblemático” al ser E... C....., la directora del grado. Alguna vez trataron de impedir ese tipo de final, pero se tornó tan complicado como imposible, las congas sobrevivieron hasta nuestro último día en la escuela.

 

El estudio era la razón de ser de la escuela. Siempre se estudiaba dos horas en la noche, de 8 a 10, hasta el último año (13) en que se convirtió en opcional, se abrían las aulas y los salones de estudio, pero iba el que quería .... a lo que quería. Esta práctica, unida con la calidad de las instalaciones, la formación integral que se daba y sobre todo la calidad de los profesores, ayudó a graduar excelentes profesionales. A veces he oído decir que la Lenin es una escuela elitista, eso en mi opinión es un error garrafal, al menos de mi generación había de todas las razas y estratos sociales, es cierto que había muchos “hijos de papá”, pero la cantidad de “huérfanos” era mucho mayor. Lo que si es una verdad casi absoluta, es que los profesionales que estudiaron en la Lenin son de primera calidad. Ojalá que todas las escuelas del país fueran capaces de graduar y ayudar a la formación integral de sus alumnos, como lo ha hecho la Lenin, gústele a quien le guste y déjele de gustar a quien le deje de gustar.

 

Algunos hechos y personajes:

Es fácil darse cuenta que hechos y personajes en 7 años, tiene que haber habido muchos, aquí haré referencia sólo a algunos que seguro son recordados por todos.

 

Hubo 6 yuntas que para mi son famosas, por su inseparabilidad durante toda su estancia en la escuela: tres de mujeres y tres de hombres. Las de mujeres se formaron en 10mo grado: Vivian – Caro,  Liliana – la Jabá y Albita - Perlita. De las de hombres dos venían desde 7mo: Benito - Bartolo (el Rey de los Cafetales) y Julito – Parrado y la otra desde 9no, El Flaco – Verdera.

 

Un evento que se repitió mucho en grado 13, fue la guerra a gritos entre albergues, donde no importaba vencedor ni vencido, lo único importante era gritar el Jx se c.. en la m..... del Kx y la pronta réplica, el Kx se c.. en la m.... del Jx y así sucesivamente, a veces se iban incorporando otros albergues y aquello se repetía una y otra vez, generalmente hasta la llegada de algún profesor.

 

Toca ahora el turno a algunos personajes que tienen cuentos simpáticos.

 

El Oso Peste a Pata: a este muchacho se le armaban unos coros, que empezaban en un tono bajo y que luego iba aumentando cada vez más, diciendo “!!Oso Peste a Pata, Oso Peste a Pata, Oso Peste a Pata .....................!!”. Aquello podía involucrar a todo un albergue de 60 alumnos e incluso a algún albergue vecino también. A favor del OPP hay que decir que tenía un aguante digno de un campeón (Su verdadero nombre era Carlos Manuel Aguiar).

 

Caritas: yo creo que este fue el “trajín” más célebre de todos. Lo que más tenía que soportar eran los “Bocaditos”. Un bocadito era: tabla, colchón, Caritas, colchón, tabla y un montón de gentes arriba, desc..... (Oscar Pérez).

 

Rafael (El Güicho): este tenía una mente calenturienta para casi todas las cosas. Se le ocurría sacar un espejito por el salón de estar de uno de los K, para ver a las muchachas que se bañaban en el albergue contiguo. Un día acostado en la piscina se le ocurre decir que lo perfecto sería que la torre de clavados fuera de queso, y que el tanque estuviera lleno de cerveza, para subirse, darle una mordida a la torre de queso y lanzarse para el tanque de cerveza a darse unos buches. Y el cuento más “caliente” del Güicho era el de encender los p... Aquello si era espectacular, cuando tenía ganas, daba un grito: “!Tengo uno, tengo uno!”, se bajaba los calzoncillos (si los tenía puestos),  y allá iba cualquiera con un fósforo a pegárselo justo allí, ¡señores! cuando el Güicho sonaba, lo que le salía por detrás parecía un verdadero soplete, aquello era una verdadera locura, más de una vez acabó chamuscado, pero inmutable.

 

El último, Marín: Marín era el de la Juventud, un mulato fuerte como loco, pero noble a más no poder. No era de los más inteligentes, pero si de los más esforzados, además cuando no tenía una reunión, era porque tenía dos. Todo el mundo lo llevaba bien. Hubo un grupito de gentes que le montaron una jodedera simpatiquísima. Él tenía un busto  de Lenin   muy chiquito en su taquilla, entonces ese grupo le armaba un muñeco en su cama, con almohadas, colchas y sábanas, y le ponían el busto como cabeza del muñeco. Cuando Marín entraba al albergue, casi siempre saludando y hablando con la gente, le decían: “SHSHHHHH, habla bajito que lo despiertas”, cuando llegaba a su cama y veía aquello, montaba en cólera, “!Qué cosa es esto, esto es una falta de respeto!”, pero no pasaba de ahí. Eso se lo hicieron varias veces, hasta que un día se lo dejaron de hacer. Entonces el chiste pasó a ser mucho más genial, cuando llegaba al albergue, le seguían diciendo: “SHSHHHHH, habla bajito que lo despiertas” y allá iba Marín, “volao” como una cafetera para su cama, y se la encontraba normalmente tendida. Tuvo que acabar riéndose él también, no tenía mas opciones.

(Orlando Marín Valdés).

La graduación:

Llegamos al final de nuestro paso por la Lenin. Las graduaciones siempre fueron muy buenas, fiestas, actividades, excursiones, etc. La de nosotros no, parece que para los que veníamos desde 7mo en Vento, querían que nos fuéramos como mismo entramos: ¡pasando trabajo!.

 

Pero antes les cuento que el grupo de nuclear salió el mejor grupo de la graduación y nos dieron la libertad de poder ir a las Escaleras de Jaruco por todo un día, sin la supervisión de un profesor. Puede pensarse que es intrascendente, pero no, gozamos la papeleta por aquellas lomas y tomamos cerveza hasta más no poder. Nos sacamos montones de fotos, la mayoría tiradas por el Topín, y aquí está el punto, en muchas de esas fotos aparece Antonio Guerrero, Tony, ahora Héroe de la República de Cuba y preso injustamente en EEUU, pero aquel día era uno más de nosotros y sale en las fotos medio en nota y con la perga de cerveza en la mano. Algunas de esas fotos se las mandé a través de la mamá, para que tuviera un recuerdo de nosotros.

 

Nuestra graduación fue en 1977 y al año siguiente se celebraría en Cuba el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes y como casi siempre surgió una campaña: Mi aporte al Festival. Pues a nosotros la forma de aportar que nos escogieron, nos designaron, o como c.... quiera decirse, fue mandarnos para Ciego de Ávila a limpiar caña, ¡le ronca el mango! para decirlo decentemente. Las mujeres libraron, sólo fuimos los hombres.

 

Un día nos reunieron en la plaza de formación, para decirnos que íbamos a ir para Ciego de Avila, que estaban haciendo gestiones para mejorar la comida, porque no había mucha, que la norma de consumo de arroz sería de 30 gramos por persona, en cada comida. La verdad que yo no tenía idea de cuanto eran 30 gramos de arroz, pero ahora si, son una burla, eso no es nada, una cucharada escasamente. Entonces nos sugirieron que lleváramos algunas conservas, leche condensada, etc. Al menos hay que reconocer que no hubo engaños y guerra avisada, no mata soldado. El Botella, Zabala y yo, formamos un trío para compartirnos las reservas.

 

Como dice el periodista, así las cosas, en Julio de 1977 salimos para Ciego de Ávila. A nosotros nos tocó un buen campamento y un buen albergue, cerca del batey del central Ecuador, antiguo Baraguá,  pero hubo un grupo que los tuvieron que evacuar, ya que en el campamento entraban perros jíbaros por la noche. ¡De ampanga!, sin comida y a punto de ser comidos.

 

Después de la primera comida y constatar lo que significaban 30 gramos de arroz, salimos para la tienda del batey y arrasamos con todas las latas de conservas búlgaras, que consistían en ajíes y coles rellenas. No dejamos nada para los nativos, a lo mejor eso influyó en acontecimientos posteriores.

 

Además de las latas de conservas búlgaras, otra comida que se convirtió en un lujo para algunos fue gato asado. En aquel campamento no había gato que pasara cerca y no perdiera sus 7 vidas de golpe.

 

Se trabajaba desde las 7AM hasta las 12:30PM y desde las 3PM a las 6:30PM. La brigada donde yo estaba le pusieron “La brigada de los m........”, éramos los únicos que trabajábamos de verdad, fíjense si es así, que como promedio el resto de las brigadas aportaron 20 pesos por persona y la de nosotros 90, además de que Verdera llegó a los 130 pesos de aporte. En la brigada estaba Frank, un profesor que era militante de la UJC, y que tenía una arenga que decía: “Arriba chiquito bueno, arriba” y en realidad el hombre trabajaba como el que más, había que seguirle el paso, no quedaba más remedio.

 

Por todo aquello, la única diversión que había era ir a un club, una casa que debió ser del dueño del central antes de 1959, porque estaba buenísima, y lo único que se podía hacer era tomar ron, allí conocí el ron Decano. No jugábamos dominó en el club, lo hacíamos en el campamento, yo jugué con Zabala todo el tiempo, hicimos buena pareja.

 

Del club del central Baraguá, uno de nosotros se llevó un doloroso recuerdo, el Caquilla. Caquilla era un tipo fuertecito, pero muy chiquito y un día se le ocurre meterse en una discusión con unos nativos, respecto a las condiciones de deterioro del club, aquello le costo la paliza de su vida, estaba con un socio que se dio una mandada a correr olímpica, de ahí sacó el apodo de Juantorena. Pues les cuento que cuando empecé en la universidad, todavía Caquilla tenía que usar lentes oscuros porque aún tenía los ojos morados de la golpiza que recibió.

 

Aquel hecho provocó una respuesta de parte de nosotros, los ánimos estaban caldeados al máximo, y un día frente al cine se concentró una multitud, para tomar venganza. Intervino la policía, el partido y no se cuantas gentes más, y la sangre no llegó al río.

 

En Ciego yo volví a nacer el 19 de julio, ese día cuando retornábamos al campo por la tarde, me bajo de la carreta antes de que parara, empiezo a caminar para el campo y de pronto oigo que me empiezan a gritar ¡cuidado, cuidado!, cuando miro a mi derecha, venía un caballo desbocado con el negro Palú arriba, no me dio tiempo a nada, traté de quitarme, pero no pude, el caballo me arrolló con el pecho y me tiró para adelante, pasándome por arriba ..... sin tocarme. ¡Tremenda suerte! Palú pudo parar el caballo una cuadra más adelante. Yo llevaba un machete en la mano, que tampoco me hizo nada, pero al caballo si, le entró por encima de uno de los cascos delanteros, y cuando nos fuimos en agosto, todavía cojeaba.

 

Un hecho significativo fue que nos llevaron a Camagüey al acto por el 26 de Julio. Fue el día que mejor comimos, en la plaza había de todo. Fuimos y viramos en un tren cañero. La ida sin problemas, pero al regreso, entre una cosa y la otra, nos cogió la madrugada. Créanlo o no lo crean, en Cuba, en Julio, pasamos un frío terrible, Aquel tren con sus vagones descubiertos hizo que nos tuviéramos que apilar unos encima de otros, para calentarnos un poco.

 

La otra actividad política de nuestra estancia en Ciego, fue el día de los Mártires (30 de Julio). Pero de esta el recuerdo que tengo es una frase célebre, muy simpática, que dijo algún dirigente local que estaba en la presidencia. En un normal recuento de logros y dificultades aquel hombre suelta: “Aquí en Ciego de Ávila, es el único lugar de Cuba en que hay una vaquería ...... de chivas”. No hay dudas que tenía que ser el único lugar donde podía haber semejante aberración. Aunque a lo mejor lo que no quería decir es que era una “Chivería”, vaya usted a saber.

 

Pues entonces entre cañaverales, el hambre, las latas de ajíes y coles, el caballo de Palú, la pateadura al Caquilla y la Vaquería de Chivas, tuvimos nuestra graduación. Como todos buenos cubanos acabamos pasándola lo mejor posible e incluso divirtiéndonos, aunque fuera sólo jugando al dominó en las noches.

 

Cuando salimos hacia la Habana, estábamos llegando al final de una convivencia, que para algunos fue de 7 años,  donde se establecieron lazos que todavía están atados, aunque muchos hemos pasado años sin vernos. Hasta 1994 se mantuvieron los contactos entre nosotros, pero de una forma aislada, digamos que en células, en dependencia de la afinidad, pero, en la conmemoración del 20 aniversario de la inauguración de la Lenin, algunos de nosotros nos encontramos y entonces nacieron nuestras fiestas, que han venido a demostrar la autenticidad de la relación creada durante nuestra vida desde Vento hasta la Lenin, de 1970 a 1977.


1994, LQQD:

El 31 de enero de 1994, se conmemoró el 20 aniversario de la inauguración de la Lenin, 17 años después de nuestra graduación y 24 de haber entrado los primeros de nosotros en Vento.

 

En esa conmemoración se encontraron algunos miembros de nuestra graduación y decidieron hacer una reunión y así organizar un reencuentro. De quien quiera que fuera la idea, hay que darle 100 puntos y además agradecérsela por siempre.

 

Los principales organizadores de estas fiestas son el Flaco y el Paja, y en sus inicios también el Chelo. Las primeras se hicieron en la misma casa del Flaco, en 14 entre línea y 11 en el Vedado, pero hace ya algunos años se hacen en la Quinta de los Molinos, aprovechando que el Vicerrector de la Facultad de Nuclear es Oscarito, y que antes lo había sido el Flaco, hasta que este último decidió pasar al mundo empresarial,  dirigiendo los departamentos de Economía y Comercial de la Casa de las Américas, actividad que desarrolló muy bien, pero llevó a que perdiéramos un excelente físico.

 

Las fiestas se hacen 2 veces al año, en sus inicios en Julio y en Diciembre y ahora en Junio y Diciembre. Esos dos días del año los disfruto enormemente, como todos los que asisten, creo, allí nos encontramos viejos amigos y compañeros de la adolescencia, así como también gentes de otros años, tanto inferiores como superiores. Es que hay dos palabras que nos convocan a todos La Lenin.

 

La composición actual del grupo es tan heterogénea como cuando estudiábamos, pero  la forma de pensar si ha cambiado, en general es menos romántica y mucho más pragmática.

 

En el grupo tenemos: médicos, ingenieros, artistas, profesores, abogados, economistas, dirigentes de empresas, investigadores, militares, trabajadores del llamado “sector emergente”, y hasta un Vicepresidente de Copextel (Botella) y al Presidente de la Cámara de Comercio de la República de Cuba primero, y ahora Viceministro del MINCEX (Carricarte).

 

Estas fiestas empezaron cuando la economía del país toco fondo en el período especial, cuando se perdieron muchos valores en nuestra sociedad, a unos los afectó más, a otros menos, pero todos sufrimos las consecuencias. Más de una vez en esos tiempos hubo discusiones entre algunos de nosotros, las condiciones en que vivíamos, y la diversidad de opiniones y puntos de vista, eran caldo de cultivo para eso.

 

No obstante, la amistad cultivada durante años y poco a poco el respeto a la diversidad, no laceraron las relaciones. Igual que creo en la esencia del proceso revolucionario cubano, también creo firmemente en la solidez de nuestra amistad, que nos ha permitido mantenernos unidos hace ya más de 30 años.

 

Incluso los que ya no viven en el país, también hacen sus fiestas o reuniones, llaman el día que hacemos la de nosotros y hasta algunos han llegado a participar cuando han estado en Cuba. Todo esto demuestra la autenticidad de nuestra unión y de nuestra amistad.

 

Ya desde la primera, se sabía la importancia que iban a adquirir en las vidas de todos nosotros, por la cantidad de gentes que empezaron a llegar. La llegada de los nuevos es un evento, que aún hoy, 10 años después, sigue ocurriendo, y creo, que es lo más importante que se da en ellas. Al principio, más masivo, por supuesto, ahora más aislado, pero siempre con un significado especial, eso de ver aparecer a cualquiera que no se le veía desde hace más de 20 años, es realmente emocionante.

 

Se resalta la expectativa de esperarnos unos a otros, la gente ve a Vivian y le preguntan por Caro, a Parrado y le preguntan por Julito, a mi me preguntan siempre por Botella, que ha ido muy poco, al gordo con sus cargos y con su hijo más pequeño, que en este caso es mejor decir casi su nieto,  le queda poco tiempo para las fiestas. También la sorpresa y la alegría al ver aparecer a alguien de los que viven fuera de Cuba como al Chelo o al Guírole o a una yunta del destacamento pedagógico como Santiago y Pepocha.

 

Solo me queda ahora abogar porque se mantengan estas fiestas, reuniones o como se les quiera llamar, porque los hijos de nuestro grupo, quieran seguir los pasos de sus padres y que sigan prestigiando la escuela, porque sigan apareciendo algunos que todavía no han venido, porque los que no viven en Cuba, también hagan sus reuniones, porque los que viven aquí y tengan la posibilidad, participen a veces en las de allá y porque los de allá sigan viniendo también de vez en cuando a las de acá, en fin, porque sigamos cultivando una amistad verdadera, a pesar de las diferencias de opiniones y quizás ideológicas, porque nuestra esencia se imponga a todas las diferencias, porque nos sigan convocando esas dos palabras: LA LENIN.

 


Epílogo.

 

Nada de lo escrito ha tenido el deseo de ofender a nadie, no se si alguien lo ha podido sentir así, no ha sido para nada mi intención, si así fue, les pido perdón a los ofendidos, lo escribí sí, con la pretensión de que fuera un libro, no para publicarlo, pero es algo que me debía a mi mismo hace años, por lo que significó y significa para mi LA ESCUELA y también por aquello de “... un hijo, un árbol y un libro ...” me ha reconfortado enormemente porque lo escribí en una época para mi bastante difícil, de mucha reflexión y soledad, creo que aquí encaja perfectamente el dicho de que no hay mal que por bien no venga.

 

Me divertí horrores escribiéndolo, siempre de madrugada, con Radio Taino como telón de fondo y en casa de Arnaldo, El Topín, en 15 y 6 en el Vedado, que se portó muy bien conmigo en un momento que lo necesitaba mucho, demostrándome que era un AMIGO también con mayúsculas y sin faltas de ortografía. Así que al Topín, a la vida, por llevarme casi de forma obligada a un “retiro espiritual” y sobre todo a aquel grupo de estrictos militares que no me dejaron entrar a los Camilitos, les estaré eternamente agradecido.

 

Hasta aquí mi visión, no se vayan a pensar que después de viejo tengo ansias de protagonismo, es que quería escribirlo por mi mismo y con mis recuerdos,  ahora bien, si les gusta puede ser un punto de partida para hacer nuestra historia más completa y que nos quede para leerla y contarla al menos a los hijos y nietos, a partir de ahora es de todos pero aquí está lo que viví y estoy viviendo como parte DEL MEJOR GRUPO DE AMIGOS QUE HAYA EXISTIDO JAMÁS, en cualquier época, en cualquier parte.