viernes, 13 de diciembre de 2013

El Sistema del Poder Popular y la actualización del modelo económico- social: Cuba 2013. Propuestas para el debate.


 

Publicado por: Dr. Jesús Pastor García Brigos

Uno de los más importantes principios en la vida del Sistema del Poder Popular desde su propia concepción original, -sustentado en la propia naturaleza esencialmente revolucionaria que conformó sus antecedentes a partir de 1959 y en la orientación política de nuestro Partido explícita en los acuerdos de su Primer Congreso,- es la permanente visión autocrítica de su labor, con vistas a la adopción de los cambios que sean necesarios en cada momento histórico, para responder a la esencia de su razón de ser: constituir un espacio esencial para el progreso sostenido de la intervención plena efectiva de todos los interesados en la consolidación del socialismo cubano.

Ante todo, el Sistema del Poder Popular, como forma de organización del Estado cubano, es decisivo en el funcionamiento y progreso del Estado como organización del “poder público”, pilar central del sistema de la democracia socialista.

El Sistema del Poder Popular, o como en Cuba le llamamos para abreviar, el Poder Popular, es una institución clave para el proceso de “extinción del Estado”, que hay que entender e implementar consecuentemente en la práctica, en toda su dialéctica contradictoriedad, como desarrollo de un Estado de nuevo tipo, que se “fortalece” para extinguirse, “devolviéndole” al cuerpo social lo que le había arrebatado como aparato colocado por encima del mismo, hasta el capitalismo.

En Cuba este proceso comenzó el primero de Enero de 1959, y su contenido y formas concretas de manifestarse necesariamente han cambiado y deben seguir cambiando, como resultado de los cambios ocurridos en la sociedad cubana en todos estos años y premisa de su sostenibilidad.En primer lugar, los cambios en la lucha de clases, a lo que Lenin brindó importantes contribuciones en la práctica rusa de inicios de siglo, y en la teoría. Especialmente importante, y paradójicamente ignorado, cuando no tergiversado y maltratado en todo el desarrollo posterior a la muerte de Lenin, es todo lo concerniente a las “formas de lucha de clase del proletariado en el poder”.

Expuesto explícitamente como uno de los problemas a atender y desarrollar en un proyecto de obra acerca de la dictadura del proletariado[1], el concepto de “forma de lucha de clase” se va gestando desde los primeros momentos posteriores a la toma del poder[2], y expresa el contenido relacional de la condición de clase, en su determinación por el complejo sistema de las condiciones del proceso de producción y reproducción de la vida social, el sistema de propiedad, como algo ajeno a la estrecha comprensión estructural y en definitiva economicista que se ha adjudicado repetidamente a las concepciones de Marx, Engels y Lenin sobre las clases y la lucha de clases.

Este concepto es clave en el desarrollo lógico de la concepción del proceso de dirección que lleva a la necesidad de la “dictadura revolucionaria del proletariado” como el medio históricamente condicionado para integrar los actores en las acciones hacia el nuevo modo de desarrollo. Lenin toma la indicación de Marx para comprender la necesaria “dictadura del proletariado”, lleva adelante la idea de la lucha de clases[3], y expresa una idea clave para la construcción comunista:

“La dictadura del proletariado es la continuación /cursiva en el original/ de la lucha de clase del proletariado, bajo nuevas formas. Eso es lo esencial, y eso es lo que no comprenden.

El proletariado, como clase particular[4], es el único que prosigue su lucha de clase”[5].

Y prosigue su lucha de clase bajo su dictadura, necesariamente en formas diferentes, porque se presentan nuevas tareas, asociadas no solo a oponer la lucha de clase de la burguesía desplazada.

La burguesía bajo su dictadura desarrollaba sus formas de lucha de clase, y consecuentemente también deberá cambiar sus formas al ser desplazada del poder. En este sentido no se excluyen las formas de lucha opuestas directamente, que en el caso de la Rusia leninista se manifestaban en lo que conceptualiza como “Aplastamiento de la resistencia de los explotadores” y ”Guerra civil”. Pero ya las peculiaridades se reflejan en la “neutralización de la pequeña burguesía, especialmente del campesinado” y sobre todo en la “utilización de la burguesía” y en la “inculcación de una nueva disciplina”.

En esta conceptualización de forma de “lucha de clase” del proletariado en el poder, la “inculcación de una nueva disciplina”, se recoge concentradamente la esencia de las nuevas socialidad e individualidad en construcción, y al mismo tiempo la complejidad de este proceso:

se trata de una ruptura en los fundamentos materiales del proceso de reproducción social, que al tiempo que tiene que construir los nuevos fundamentos, necesita de una cultura y una subjetividad nuevas para llevar adelante esa tarea, que es necesario desarrollar entre los sujetos actores de la transformación.

Su contenido, que en el trabajo de referencia aparece apenas indicado[6], se puede reconocer en múltiples momentos de la obra en esta etapa posterior a octubre, asociado al papel de lo consciente en el nuevo tipo de dominación que establece el proletariado, los mecanismos de participación de nuevo tipo, la relación entre las instituciones en la nueva organización del “poder público”, y el vínculo de los individuos con esas instituciones como medios socializadores[7], como muestra un trabajo publicado un año antes de la confección de este importante borrador:

“¿Acaso la lucha de clase en la época del tránsito del capitalismo al socialismo no consiste en proteger los intereses de la clase obrera contra los puñados, los grupos, las capas de obreros que se aferran tenazmente a las tradiciones (costumbres) del capitalismo, considerando al Estado soviético igual que antes: trabajar “para él” lo menos y lo peor posible y sacarle “a él” la mayor cantidad posible de dinero?....”[8]     

El valor central de lo concerniente a las clases y la lucha de clases, la relación entre la unidad y las diferencias en los intereses de los actores del proceso, el papel de lo consciente en la dinámica socialista, la relación entre lo individual de un Estado y lo internacional asociado a la esencia de clase del mismo, estratégicamente asociado al objetivo claro del comunismo “…de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades…” encuentra su principal expresión concentrada en las concepciones, las ideas, que expresan el contenido de la “dictadura del proletariado” como Estado de nuevo tipo, en su expresión histórico- concreta en el Poder Soviético.

Es en este momento de la producción de Marx, Engels y Lenin donde se expresan de modo concentrado los elementos de sus  concepciones acerca de la naturaleza diferente del nuevo estadio de desarrollo social que significa el desarrollo comunista, y en particular acerca de la interacción dirigentes dirigidos como eje articulador, integrador de los cambios en todas las esferas de actividad humana, para el desarrollo de la nueva unidad individuo - sociedad.

Y es aquí donde, paradójicamente, la práctica  de la construcción socialista en Europa resultó más alejada precisamente de la esencia planteada para el ideal de nueva sociedad.

Por otra parte, desde el punto de vista del desarrollo del aparato teórico- metodológico, la categoría “dictadura del proletariado” es un ejemplo de la necesidad y la complejidad del trabajo en la conceptualización de la nueva sociedad y de la propia conceptualización  de la subversión del orden existente bajo el dominio del capital según la única alternativa  capaz de resolver los conflictos actuales como verdadero proceso de emancipación humana, la transformación revolucionaria comunista, para la cual son insuficientes las categorías ya establecidas, y no tenemos aún las nuevas que describan las esencias que deben servirnos de norte en este “viaje a lo ignoto”.

El alcance integrador de los elementos acerca de la dictadura del proletariado se expresa en la confluencia que en el contenido de esta categoría encuentran  desarrollos teóricos de proyección más general, como son los concernientes a los propios fundamentos de la política, su contenido como esfera de actividad humana y los cambios que deben ocurrir en la misma con el tránsito comunista, el lugar del Estado en la sociedad y las concepciones más generales acerca de las clases y la lucha de clases en el desarrollo social hasta el momento de este salto crucial en la historia de la humanidad, y en particular, acerca de la interacción dirigentes- dirigidos desde el propio momento de ruptura en que se inicia su construcción, como eje articulador –integrador de los cambios revolucionarios en todas las esferas de actividad humana para el desarrollo de la nueva socialidad.

Y se expresa en el valor práctico de  las proyecciones que científicamente se derivan de esos frutos del análisis del desarrollo humano, acerca de  la necesidad de la toma del poder político y el establecimiento de la “dictadura de clase del proletariado”, como primer paso para conducir la transición comunista, y los elementos esenciales que deben caracterizar a ese nuevo “Estado- no Estado”, como medio para llevar adelante en plena lucha de clases, la radical transformación de la sociedad que la lleve a desarrollarse sobre nuevas bases.

La concepción de la necesidad de la “dictadura revolucionaria del proletariado”, más que como resultado del desarrollo de las contradicciones dentro del capitalismo, como medio insustituible para la superación de esas contradicciones, mantiene su vigencia en la actualidad, tanto o más, y por las mismas razones por las que Marx  oponía a los diversos “socialismos” de su época, -al socialismo de la “pequeña burguesía”/Marx/ que hoy continúa asomando sus narices en todo el diapasón de la izquierda -, lo que él llamó “socialismo revolucionario”, “comunismo”, consistente en “....la declaración de la revolución permanente, la dictadura de clase del proletariado como escalón necesario de tránsito a la aniquilación de las diferencias de clase en general , a la aniquilación de todas las relaciones de producción, sobre las cuales descansan estas diferencias, a la aniquilación  de todas las relaciones sociales, correspondientes a estas relaciones de producción, a la revolución en todas las ideas que se derivan de estas relaciones sociales[9].

Esta concepción de “revolución permanente” resulta esencial para la práctica del establecimiento y desarrollo de la nueva “estatalidad” que ha de caracterizar al sistema de relaciones de dirección de la dictadura del proletariado y a sus portadores, los elementos estructurales del Estado proletario, en su propia transformación dentro del desarrollo de la autodirección social comunista[10], y se contrapone claramente a las tesis de la posibilidad de la superación del dominio del capital dentro de los marcos de la democracia burguesa.

Marx  y Engels, luego de identificar y fundamentar la naturaleza de cualquier tipo de Estado conocido como instrumento de dominación, llegan ,- y Marx expone  en 1852 en El 18 brumario de Luis Bonaparte- a la conclusión de la necesidad de destruir la máquina estatal de la burguesía como condición indispensable de la emancipación del proletariado y con él de toda la sociedad, cuya confirmación encuentran en la experiencia de la Comuna de París. La afirmación, subrayada en el prólogo a la edición alemana de 1872 del Manifiesto...., - “...la clase obrera no puede simplemente apropiarse de la maquina estatal burguesa tal como está y ponerla en marcha para sus propios intereses...”[11], ha sido confirmada por el decursar posterior de la historia, pero hoy refuerza su valor metodológico frente a los intentos de “actualización” de las ideas socialistas, herederos directos del reformismo que Marx y Engels , y con otras manifestaciones Lenin posteriormente, tuvieron que combatir.

Marx y Engels advierten de las limitaciones esenciales de la democracia burguesa, propias de su naturaleza, y adelantan la necesidad de la dictadura revolucionaria del proletariado. Su establecimiento, en las condiciones de la Europa continental de la época, transcurriría de forma violenta[12].Pero al mismo tiempo que no excluía la posibilidad de esa transformación revolucionaria en otras condiciones, admitía el valor de las instituciones democráticas del estado burgués, - como los mecanismos representativos y  el sufragio, -transformadas acorde a la nueva naturaleza en establecimiento, a la clase que los dominaría en el cambio planteado: “...los órganos puramente represivos del viejo poder estatal  tenían que ser amputados, sus funciones legítimas tenían que ser arrancadas a una autoridad que usurpaba una posición preeminente sobre la sociedad misma, para restiturlas a los servidores responsables de esta sociedad[13]. Y, analizando la experiencia de la Comuna, la identifica como “...la forma política al fin descubierta para lleva a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo”, y confirma el carácter democrático de esta dictadura de clase asociado a los esfuerzos por barrer con un  elemento que ya había advertido como esencial en el carácter represivo de la democracia burguesa: el aparato burocrático, la burocracia como elemento estructural de la organización del poder publico y las condiciones asociadas a sus expresiones en el funcionamiento de las relaciones de dirección, en el vínculo dirigentes- dirigidos.

La electividad de los representantes (órganos y sus miembros), su responsabilidad (rendición de cuenta),  las posibilidades efectivas de revocación por el pueblo, los principios de formación y la relación con los miembros del cuerpo social, de los órganos armados, y del sistema administrativo y judicial, etc., como elementos puestos en funcionamiento por la Comuna en función de nuevos objetivos, de nuevos intereses de los actores del proceso de dirección (los dirigentes y los dirigidos, en clara condición dialécticamente contradictoria ambos como sujetos y objetos de la dirección, de las transformaciones en este proceso), son expresión de la dialéctica entre dictadura y democracia presente en la concepción adelantada por Marx y Engels acerca del nuevo tipo necesario de Estado para la emancipación humana, el Estado de la “nueva estatalidad”, la organización de las “funciones públicas” para el desarrollo de la “estatalidad comunista”/Marx, Critica al Programa de Gotha/,  inevitablemente a partir de la estatalidad heredada, en un proceso de ruptura (destrucción) y continuidad (mantenimiento del necesario autoritarismo mientras existan las condiciones materiales para la existencia de las clases).

Como afirmara Engels veinte años después de la Comuna en su introducción a “La guerra civil en Francia”, “ ...En realidad el Estado no es otra cosa  que una máquina para la represión de una clase por otra, en nada menos en una república democrática que en una monarquía. Y en el mejor de los casos el Estado es una mal, que se transmite por herencia al proletariado, una vez obtenida la victoria por su dominio de clase; el proletariado vencedor, igual que la Comuna, estará obligado a arrancar inmediatamente las partes peores de este mal, hasta que , mientras las generaciones, nacidas en las nuevas condiciones sociales libres, resulten en condiciones de  expulsar toda esta basura de la estatalidad [14]

En los desarrollos de Marx y Engels acerca de la dictadura del proletariado, como elemento cuya naturaleza identifica inconfundiblemente la esencia del proceso emancipador humano que ha de acompañar a la revolución comunista , nos encontramos con proyecciones para la acción revolucionaria,  magistralmente enriquecidas por Lenin durante la práctica de su implementación por primera vez en la historia de la humanidad, que trascienden a la actualidad, en el enfrentamiento a la dominación del capital, a la erradicación de las debilidades en el movimiento revolucionario luego de la reversión de los proyectos implementados durante el siglo XX en Europa precisamente por la negación dogmática de estas ideas, y en la inevitable confrontación con los que oportunistamente pretenden renovar “dialécticamente” el proceso cubano.

Sin profundizar en estas concepciones fundacionales, -enriquecidas en la práctica revolucionaria de más de noventa años como muy especialmente reflejan dentro de las peculiaridades que del caso cubano desde 1959, las reflexiones del Ché acerca del “heroísmo cotidiano” y de Fidel al plantear la transformación socialista como un proceso esencialmente político,- es imposible enfrentar exitosamente el proceso de transformaciones en marcha actualmente en Cuba, y en particular lo concerniente al Sistema del Poder Popular en el mismo.

Mantener el sentido socialista de nuestro desarrollo, única opción real compatible con la existencia misma de la nación cubana, está determinada por los resultados económico -productivos que se logren  alcanzar. Pero es un proceso esencialmente político, que se decide por la participación popular en la dirección del proceso social, y requiere de un permanente y elevado nivel de gobernabilidad democrática[15] para la cual nuestra principal fortaleza tiene que estar en la acción de lo  positivo en el individuo socializado que se ha alcanzado en estos más de cincuenta  años de revolución, que lo va definiendo como individuo portador del hombre nuevo socialista, hombre en transformación, capaz de aprehender como fundamento de sus acciones los elementos positivos de la práctica en el inédito proceso de construcción comunista a partir del subdesarrollo.

Cuba se adentra en el siglo XXI con un sistema de relaciones sociales en un profundo proceso de cambios, determinados por una base económica en proceso de reordenamiento. De hecho nos encontramos ante un sistema que se está estructurando a partir del que existía a fines de la década de los ochenta, alterado substancialmente por la crisis económica del llamado Periodo Especial, y por las acciones emprendidas para enfrentarla; acciones orientadas de modo consciente, dirigidas al perfeccionamiento de dicho sistema, muchas determinadas por las urgencias y la gravedad de las situaciones enfrentadas, que resultan acompañadas de cambios generados como respuesta del sistema y ya no dirigidos conscientemente, todas las cuales se entrecruzan con las tensiones derivadas del contexto en que se desenvuelve el proceso cubano, marcadas por el objetivo proceso de globalización, que transcurre con una orientación neoliberal que es imposible ignorar.

En la fase actual, la acción de los elementos externos al desarrollo de la sociedad cubana en el sentido planteado ya hace más cincuenta años[16], ha sufrido un cambio cualitativo que ha renovado y reforzado su influencia sobre el proceso de desarrollo de la interacción fuerzas productivas -relaciones de producción socialistas en establecimiento, con particular trascendencia en la conformación de las posibles tendencias de evolución de las relaciones de propiedad efectivas, al estar conformado un escenario político-económico internacional determinado por las leyes del desarrollo capitalista.

A partir de ello, resultan objetivamente planteados claros desafíos al proyecto socialista cubano:

  • Los cambios en el modelo económico y su funcionamiento real no resultan ajenos a la influencia del contexto internacional, el cual está determinado por las tendencias del proceso de globalización neoliberal, opuestas antagónicamente a cualquier variante socialista de desarrollo, y si favorecedoras de las condiciones asociadas a los elementos regresivos introducidos en las relaciones de producción cubanas actuales.
  • Niveles superiores de salida en la producción material, en volumen y eficiencia, son imprescindibles; pero tienen que ser alcanzados en el marco de relaciones de propiedad socialistas, cuyo proceso de establecimiento hoy no solo exige el perfeccionamiento de lo alcanzado hasta antes de la crisis del Periodo Especial, sino la neutralización de nuevos elementos introducidos, portadores de una orientación regresiva capitalista subdesarrollada.

Los cambios económicos tienen que tributar a la sostenibilidad de la consolidación de un sistema de relaciones sociales de la producción socialista, que garantice el avance en el proceso emancipatorio de los productores libres asociados, individuos efectivos productores- consumidores – dueños de su propia vida social, con un contenido diferente de la riqueza, donde el pleno y libre desarrollo de cada individuo sea premisa y resultado del pleno  y libre desarrollo de la sociedad como un todo: cambios que conduzcan en otro sentido, llevarían a una situación incompatible con la propia existencia de Cuba como Nación independiente.

Para el enfrentamiento exitoso a este desafío trascendental planteado ante la sociedad cubana, la misma cuenta con importantes fortalezas en elementos socializadores capaces de tributar a contenidos socialistas, asociados a una actividad política efectivamente con esa orientación, en particular a un Estado de nuevo tipo, como requiere este tipo de transformación social. Esos elementos son predominantes aún en el sistema económico por la estructura y la salida de la fase de producción y el desenvolvimiento de las restantes del ciclo de reproducción material de la sociedad, pero ya se desenvuelven  junto a la presencia de otros actores económicos que no responden necesariamente a las mismas características.  La acelerada consolidación de los primeros puede impedir que los elementos introducidos en la actividad económica productiva- material, trasciendan más allá de lo positivo que deben aportar en la fase de producción, bajo la acción de la política, que más que “expresión concentrada de la economía”, como se le presenta reduccionistamente castrando la concepción marxista y las propias ideas explícitamente planteadas por Lenin, debe “adelantarse” y ser capaz de conducir las relaciones sociales de producción como totalidad, en el sentido deseado, y evitar que esos elementos se constituyan en rasgos desocializadores regresivos respecto al proceso de construcción socialista.

Esto refuerza la importancia de la actividad política, y confiere objetivamente a los institutos del sistema político, en particular el sistema de organización estatal en lo concerniente a los Organos del Poder Popular, un protagonismo directo en la consolidación necesaria a niveles superiores de la salida del sistema de las fuerzas productivas, núcleo de la primera fase del ciclo de producción material:

el estado actual de la interacción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción coloca en primer plano de importancia el fortalecimiento del papel del Estado socialista en la actividad económica, el papel del plan económico como elemento  ordenador, aglutinador y regulador de la actividad en esta esfera, en la condición de componente de la unidad que debe conformar el plan de desarrollo social en su contenido más amplio, expresión de una planificación de nuevo tipo, un efectivo proceso de planificación social como construcción colectiva, desde los individuos. Y, vinculado a todo lo anterior, el fortalecimiento del papel del Partido Comunista en su condición de máximo dirigente político, desarrollando su labor de "conducción"/Ché Guevara/ del desarrollo de la sociedad[17].

Lo concerniente al Estado particularmente, significa ante todo el indispensable perfeccionamiento de la gestión de gobierno y administrativa, que permita elevar el volumen y la eficiencia de los resultados de las actividades vinculadas a elementos estatales de propiedad, eliminando las inarmonías, deficiencias e insuficiencias actuales.

Pero, además, por el contenido, alcance y carácter de la labor estatal en el contexto cubano, su papel es decisivo en la definición, instrumentación y aplicación de un plan de desarrollo económico que articule y encauce según los intereses sociales socialistas la participación de los elementos no estatales en el desarrollo de la interacción fuerzas productivas- relaciones de producción.

En el momento actual esto obliga, desde la economía, al perfeccionamiento del carácter socialista del Estado cubano, lo cual en la etapa actual se halla aún vinculado al fortalecimiento de su lugar como vehículo de participación en el proceso de dirección de la actividad social, en particular la económica:

 

el perfeccionamiento de las vías y modos de la participación popular en la dirección del desarrollo social, atendiendo en primer lugar a lograr la correlación que resulte históricamente progresista entre democracia directa e indirecta, democratismo y centralismo, mecanismos directos e indirectos de participación, necesidades individuales, particulares y sociales, ante todo de la esfera económica[18].

Este perfeccionamiento necesariamente ha de pasar a través del fortalecimiento del papel de los colectivos laborales y de los territorios en la labor de los Organos del Poder Popular, siempre como acción sistémica sobre todos los elementos estructurales y de funcionamiento que conforman esta forma de organización estatal.

Consolidar el desarrollo progresivo acelerado del sistema de las fuerzas productivas, como factor de consolidación de la base económica que mantenga la orientación socialista del desarrollo, dentro del contexto actual de globalización neoliberal, es el gran desafío que enfrenta Cuba en la actualidad. Para acometerlo es imprescindible el fortalecimiento de la actividad económica estatal socialista, inseparable del fortalecimiento socialista del sistema político cubano, en particular el Partido Comunista, el sistema de Organos del Poder Popular y el sistema sindical, como elementos definitorios en nuestras condiciones de la consolidación de la propiedad social socialista.

No se trata como piensan algunos de “adaptar” nuestro Sistema del Poder Popular al nuevo modelo económico, a partir de concepciones como “descargar” al Estado de actividades en busca de mayor eficiencia y eficacia en la gestión, o de enfoques estrechos de “separación de funciones estatales y empresariales, y de gobierno y administración. Se trata de comprender y consolidar a la política como elemento decisivo en la conformación del sistema de propiedad socialista y que, en particular, nuestro Sistema del Poder Popular tiene que actuar efectivamente como elemento articulador del nuevo sistema de propiedad en construcción, fundamento del deseado modelo socioeconómico.

Pero, además, la continuación de las acciones de transformación de la sociedad cubana, atendiendo a la complejidad de la situación actual y los escenarios previsibles, plantea continuar reforzando el papel de las ciencias sociales en la dirección del proceso, y a estas, la clara demanda de continuar los estudios multidisciplinarios integrados sistémicamente, de modo creador, consecuente con el espíritu del marxismo- leninismo y de los aportes teóricos que ha generado la revolución cubana.

Es con este objetivo que presentamos las siguientes propuestas de direcciones esenciales en las que hay que encaminar los pasos en el perfeccionamiento del Sistema del Poder Popular, para poder efectivamente “mantener y desarrollar” el socialismo próspero y sostenible cubano.

1.                  Implementar efectivamente los conceptos definidos acerca de las relaciones del Sistema del Poder Popular con el Partido y el sistema de organizaciones de masas y sociales y específicamente. Es imprescindible comprender cabalmente el carácter de unidad dialéctica entre estos elementos, sus diferencias, especificidades, que garantizan la coincidencia en la efectividad necesaria para el avance en los objetivos comunes, eviotando el solapamiento que debilita a todos. Especialmente importante comprender la centralidad del Sistema del Poder popular, por la universalidad de su alcance, en cuanto a espacio de participación y en cuanto a sus decisiones, distinguidas éstas además por el carácter de obligatoriedad igualmente que las acompaña. Sobre esto ha insistido reiteradamente el General de Ejército Raúl Castro, particularmente cuando en 1973 se concebia este sistema, en 1974 al iniciarse la experiencia en Matanzas, y más recientemente en el VI Congreso del Partido.


2.                  Consolidar los órganos electivos en el ejercicio efectivo del poder sobre los órganos ejecutivos – administrativos, desde la relación Asamblea Nacional- Consejo de Estado – Consejo de Ministros hasta la de las Asambleas Locales sobre los Consejos de la Administración. Se trata de un proceso complejo, que no debe reproducir en modo alguno los principios de la división de poderes, y no depende solo de cambios estructurales como puede ser la separación de la persona de los Presidentes de las Asambleas Locales y los de los órganos de administración a esos niveles, o de la condición de Diputados a quienes desempeñen cargos de Ministros.


3.                  Como fundamento para poder implementar adecuadamente lo expuesto en el punto anterior, es necesario transformar las concepciones acerca del contenido de la labor de gobernar y consecuentemente  implementar nuevas prácticas en la labor estatal de gobierno:


La función de gobernar a partir del inicio de la construcción socialista, ajustada histórico – concretamente a los requerimientos de las sociedades modernas, enfrenta la contradicción dialéctica entre los mecanismos directos e indirectos en la dirección de proceso social, vinculada a contenidos nuevos de la labor de los representantes electos, igual que se halla vinculada a un sentido nuevo de la participación popular. Se trata de los pasos indispensables para la transformación de la acción de gobernar como parte de la acción de dirección de la vida pública por una parte de la sociedad en representación de todos los integrantes, en la labor de gobernar como contenido de la autodirección social, del autogobierno social comunista.

Gobernar a partir de este momento en que se inicia la transformación comunista de la sociedad comprende la acción de administrar los recursos del Estado en tanto organización del “poder público” y, a través de ello, regular la vida social. Y continúa por ello manteniendo un contenido de clase, continúa siendo una expresión de imposición de los intereses de una parte de la sociedad sobre la otra. Con esto no se distingue del contenido que la identificaba hasta ese momento, aunque ya aquí mismo empieza a cambiar, al transformarse los espacios de acción de lo público y lo privado, como resultado de las transformaciones que tienen lugar en las relaciones de propiedad, en el proceso de apropiación de la vida social por los individuos socializados desde el momento mismo de la “conquista de la democracia” por el proletariado “como clase dominante”/Marx, “Manifiesto del Partido Comunista”/.

Pero tiene que ser además, y por encima de todo, una faceta importante de la acción de conducir un modo de funcionamiento y desarrollo en el cual no sean élites en el poder las que toman las decisiones que afectan a toda la sociedad, sino que esa facultad tiene que ser cada vez más propiedad efectiva de todo el organismo social; un modo en el cual no se busca dirigir con el apoyo de una parte mas o menos mayoritaria de la sociedad y bajo una determinada legitimación ideológica, sino se aspira a lograr alcanzar la dirección de los individuos como seres sociales por sí mismos, en un proceso de renovación permanente de la autoridad, que legitime los modos, métodos y vías de realización de esta actividad específica dentro de la conducción del desarrollo social[19].

Si somos consecuentes con la expresión del necesariamnte nuevo contenido de la actividad política, la labor de gobernar a partir del inicio de este tránsito revolucionario tiene que ser cada vez más un modo de coordinación de la actividad entre los individuos sobre la base de, y al mismo tiempo propiciador desde la dirección del proceso,  de un nuevo modo de participación, que garantice “....la adquisición progresiva de los poderes de decisión alienados, por el antagonista estructural del capital, en cuyo decursar transforma sus miembros dentro del cuerpo social de productores libres asociados. Hacia el futuro, no importan cuan distante, la participación significa el ejercicio creativo de los poderes adquiridos de tomar decisiones para beneficio de todos, trayendo a primer plano los ricos recursos humanos de las individualidades combinadas, tanto y tan extensamente como no pudo jamás ser soñado, en su ausencia, en las anteriores formas de sociedad”[20]. Es una participación que necesita dirigentes y dirigidos diferentes, para poder lograr que no sea “...simplemente una participación más o menos limitada en discusiones, a menudo reducidas al vacuo ritual de “consulta” inefectiva (acompañada por una superioridad descartante)...[21]”, por lo que tiene que ser resultado a la vez que condición necesaria de un modo de socialización diferente, en el cual se vaya más allá de la sustitución del poder alienador del capital por otro, como ocurrió en las experiencias socialistas europeas, y resulta una de las facetas más difíciles de garantizar en todos los procesos reales de construcción socialista conocidos, por la naturaleza misma del proceso y por las condiciones en que estos se han desarrollado hasta hoy como etapa particularmente aguda de confrontación clasista.

Con los mismos principios para todos los niveles en que se encuentre organizado el sistema estatal, y para todos los institutos  y estructuras políticas que lo integren[22], es muy importante durante el análisis del contenido de la acción de gobernar, su proyección para el caso de los representantes electos a los órganos de poder del Estado como instituto político específico dentro de la organización pública socialista.

La labor de gobernar con un contenido emancipador diferente debe desarrollarse así como un proceso que se puede caracterizar con el origen en el acto sistemático y permanente de oir las demandas y captar las necesidades de los electores y de toda la población que representa y atiende el representante electo; participar, como miembro del órgano de poder que integre,- como son las Asambleas del Poder Popular en el caso cubano, organizadas en los municipios, las provincias y la nación-,  en la conciliación de los intereses que de ello se deriven, con los más generales de los otros niveles o instancias de poder en que se halle organizado el sistema, de lo cual resultarán formuladas políticas de Gobierno. Ese representante electo toma parte en esas políticas desde su concepción, y posteriormente, cumpliéndolas, haciéndolas cumplir y controlando su cumplimiento a través de su labor en el órgano que integra[23]. Y, finalmente, como resultado de todo lo anterior, el representante electo tiene que ser capaz de conducir al conjunto de individuos que representa, a sus electores y a la población en general del área por la cual él ha sido seleccionado, a la actuación en función de sus necesidades y del progreso de la sociedad en su conjunto.

Pero, además, la tarea de cada uno de estos representantes es gobernar en el sentido antes apuntado, haciendo que los gobernados cada vez en mayor medida "se gobiernen", que la labor del representante sea cada vez menos portadora de una simple "delegación", para convertirse en vehículo efectivo de intervención de cada individuo en el proceso de dirección; el "puente" necesario entre la democracia directa y la indirecta indispensable en las estructuras sociales modernas, con un contenido superior, encaminado a borrar la separación entre dirigentes y dirigidos como expresión de la división social jerárquica del trabajo, y en definitiva de la enajenación del individuo respecto al proceso de producción de la vida social.

4.                  En general, las concepciones vigentes actualmente reproducen en esencia prácticas que separan a los dirigentes y los dirigidos en el proceso de dirección, ajenas al sentido socialista de desarrollo. Por esto hay que actualizar las concepciones, estructuras, regulaciones y consecuentemente implementar nuevas prácticas efectivas relativas al Sistema del Poder Popular, acerca de:


-Relaciones entre los diferentes órganos del sistema y niveles de la DPA. Facultades, atribuciones y funciones. Además de los vínculos “horizontales” entre órganos electivos y ejecutivos y de administración, y lo concerniente al papel efectivo de las Comisiones de Trabajo, es importante lo concerniente a las relaciones Nación- provincia- municipio. Es muy importante todo lo concerniente a los Consejos Populares, órgano con potencialidades que han sido desaprovechadas, y en esencia ha sido empobrecido luego de su extensión a todo el país en 1992 y de la posterior aprobación del DL 91 que norma sus principios de organización y funcionamiento.


-Garantizar la representatividad  laboral de los órganos electivos y los Consejos Populares. Esto cobra mayor importancia y complejidad en los momentos actuales con la ampliación en unos casos y el surgimiento, de formas no estatales de propiedad, que tienen que ser concebidas y articuladas efectivamente como subsistemas de relaciones sociales de la producción, y consecuentemente los colectivos laborales de las mismas, como  subsistemas políticos, actores plenos del proceso de producción y reproducción social.


-Procesos de elecciones de representantes y designaciones a los diferentes órganos. Esto tiene que desarrollarse ante todo a partir de una concepción diferente del contenido del “representante” en un proceso de transformación socialista, que, más que un portador de mandato para gobernar a nombre de, es esencial en lograr el efectivo autogobierno social socialista, implementando  la necesaria nueva concepción de gobernar.


-Preparación sistemática (conceptos e información funcional permanente) de los representantes electos a los diferentes niveles, y priorización real de su función social: “profesionalidad popular”. Los representantes tiene que tener tiempo para desempeñar sus funciones, implementando efectivamente que desde el momento de su elección esta responsabilidad es su principal actividad social, lo cual no debe entenderse como ser “profesionales”, en el sentido de dejar sus ocupaciones habituales. Pero más que eso, tienen que ser sistemáticamente preparados conceptualmente, y en cuanto a la información que demanden para el ejercicio de su responsabilidad.


-Procesos de rendición de cuenta en todos los eslabones del sistema, y procesos de revocación. La reunión de rendición de cuenta del Delegado de circunsciripción debe ser un efectivo espacio para el ejercicio del gobierno por los ciudadanos; y debe garantizarse la interacción sistemática entre los Delegados provinciales y Diputados y los ciudadanos que los eligieron, fundamento de su efectiva labora de representación socialista y, como parte de ella, la responsabilidad ante los elegidos, la rendición de cuenta de su gestión, y, en caso necesario, la posibilidad del ejercicio del principio de revocación, reconocido y regulado por ley.


-Transparencia del funcionamiento estatal: órganos electivos, de Gobierno y administrativos. Sobre la base esencialmente de lo expuesto en el punto anterior, con el necesario complemento de la divulgación sistemática de la labor de las sesiones de los órganos electivos, entre otros elementos que es necesario perfeccionar o implementar.


Unido a todo lo anterior, son imprescindibles cambios en la preparación de los ciudadanos acerca de su relación con el Estado para lograr  una nueva cultura ciudadana socialista, en lo cual resulta esencial mejorar:


- los contenidos y modos de impartición en el sistema nacional de educación de los deberes y derechos ciudadanos y los principios de organización y funcionamiento del Estado


- el trabajo de los medios de comunicación, sus análisis críticos, propositivos y de divulgación, en particular de las sesiones de las Asambleas del Poder Popular.


 


 


 




[1] Lenin, VI., Acerca de la dictadura del proletariado. T.39, OC., ed. Cit., pp. 269 –279; Borradores y plan del folleto acerca de la dictadura del proletariado, pp. 467- 475 , T. 39.
[2] Lenin, V.I., Como debe organizarse la emulación, pp. 206- 216, T. 35 OC. Ed. Cit.
[3] Marx, C., carta a Weydemeyer 5 de marzo de 1852, Obras , 2da ed. Rusa, T. 28, pp. 426-427.
[4] En la edición en español de las obras completas , por la cual estamos citando salvo aclaraciones, se usa el adjetivo “aparte”, pero el término del original ruso es mejor traducirlo como “particular, específica, única, especial”.
[5] Lenin, V.I., Acerca de la dictadura del proletariado, p. 271.
[6] En el trabajo se identifican cuatro aspectos: La dictadura del proletariado y los sindicatos; Primas y pago a destajo; Depuración del Partido y su papel; Los “sábados comunistas”. Lenin, V.I., Acerca de la dictadura del proletariado”, ref. ant.
[7] Lenin, V.I. : Informe y Resolución de la Reunión Conjunta del CEC de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de los Comités Fabriles y de los sindicatos, 22 de octubre de 1918, pp. 113- 131; Las preciosas confesiones de Pitirim Sorokin, pp. 194 – 204, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, pp. 243 –349, T. 37; Materiales del VIII Congreso del  PC (b) de Rusia, 18 –23 de marzo de 1919, pp.135 – 227;  Prefacio a la publicación del discurso “Acerca de cómo se engaña al pueblo con las consignas de libertad e igualdad”, pp. 397 -402; Un saludo a los obreros húngaros, pp. 409- 413, T. 38; Una gran iniciativa, pp. 5 –31; Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre Kolchak, pp. 159 –168; Discurso en la I Conferencia de toda Rusia para el trabajo del Partido en el campo, 18 de noviembre de 1919, pp. 320- 328, T. 39, entre otros materiales.
[8] Lenin, V.I., El carácter de nuestros periódicos”, pp. 92-93, T. 37, OC. Ed. Cit.
[9] Marx, C. “Las luchas de clases en Francia”, T. 7, OC. 2da ed. Rusa, p.91 (trad de JGB).
[10] Engels, F. Introducción al trabajo de Marx “Las luchas de clases en Francia”, T. 22, OC 2da Ed. Rusa.
[11] Marx, C., Engels, F. “Prologo a la segunda edición alemana del Manifiesto....”, T. 18, OC.,2da. Ed. rusa, p. 90
[12] Marx, C., carta a Kugelman, L., Obras Completas,  2da. Ed. rusa , T. 33,  pp172- 173
[13] Ante todo el concepto de “servidores responsables” se refiere a la obligatoriedad de responder ante la sociedad por sus actos, por su trabajo, en su carácter de representantes, elemento cardinal de la organización de los mecanismos de democracia indirecta en la transformación socialista, y de la relación dirigentes – dirigidos en el desenvolvimiento de la nueva sociedad.
[14] Engels, F., Introducción a “La guerra civil en Francia”, T. 22, OC, Ed.rusa, p.201
[15] Jesús P. García Brigos, Gobernabilidad y Democracia. Los Organos del Poder Popular en Cuba, pag. 122, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1998
 
[16] Externos tanto en lo concerniente al marco espacial como a la naturaleza de las transformaciones y del objetivo socialista de la sociedad cubana.
 
 
 
[17] El papel del Estado, interactuando dialécticamente con el Partido Comunista, formando parte ambos del "nuevo estado" en el sentido de "organización del poder público" de que hablaran Marx y Engels, es decisivo en el proceso de construcción socialista. Acerca del Estado cubano ver :"Gobernabilidad y Democracia. Los Organos del Poder Popular en Cuba", Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1998.
 
 
[18] García Brigos, Jesús P., "Gobernabilidad y Democracia. Los Organos del Poder Popular en Cuba", Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1998.
 
[19].  En relación con este contenido del concepto de gobernar, es muy importante el análisis de la categoría de gobernabilidad. Muy popular en los últimos tiempos, tanto como manipulada con intereses nada progresistas enmascarados detrás de los preceptos de la democracia representativa burguesa. Ver “Gobernabilidad y Democracia. Los Organos del Poder Popular.”, Edit. Ciencias Sociales, 1998, del autor de este libro.
[20] Mészaros, Istvan, “Un abordaje minucioso, con originalidad y profundo compromiso. Reflexiones y debates a propósito del libro deIsabel Rauber “Movimientos sociales y representación política. Articulaciones”, en  Pasado y Presente XXI, Año V, Num. 5, pag. 7 
[21] Meszaros, Istvan, ref. ant.
[22] - Y en un plano más general, indispensable a tener en cuenta a partir de la construcción socialista, esto es válido en general para todas las instituciones que formen parte del organismo social en cuestión, sean parte del Estado o de la sociedad civil.
[23] - Que, como se puede ver en el caso cubano, resultan órganos complejos, en el sentido de que son a su vez sistemas de órganos. “Gobernabilidad y Democracia. Los Órganos del Poder Popular en Cuba”. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1998, del autor del presente trabajo.