Uno de los más importantes principios en la vida del
Sistema del Poder Popular desde su propia concepción original, -sustentado en
la propia naturaleza esencialmente revolucionaria que conformó sus antecedentes
a partir de 1959 y en la orientación política de nuestro Partido explícita en
los acuerdos de su Primer Congreso,- es la permanente visión autocrítica de su labor,
con vistas a la adopción de los cambios que sean necesarios en cada momento
histórico, para responder a la esencia de su razón de ser: constituir un
espacio esencial para el progreso sostenido de la intervención plena efectiva
de todos los interesados en la consolidación del socialismo cubano.
Ante todo, el Sistema del Poder Popular, como forma
de organización del Estado cubano, es decisivo en el funcionamiento y progreso
del Estado como organización del “poder público”, pilar central del sistema de la
democracia socialista.
El Sistema del Poder Popular, o como en Cuba le llamamos
para abreviar, el Poder Popular, es una institución clave para el proceso de
“extinción del Estado”, que hay que entender e implementar consecuentemente en
la práctica, en toda su dialéctica contradictoriedad, como desarrollo de un
Estado de nuevo tipo, que se “fortalece” para extinguirse, “devolviéndole” al cuerpo social lo que le había
arrebatado como aparato colocado por encima del mismo, hasta el capitalismo.
En Cuba este proceso comenzó el primero de Enero de
1959, y su contenido y formas concretas de manifestarse necesariamente han
cambiado y deben seguir cambiando, como resultado de los cambios ocurridos en
la sociedad cubana en todos estos años y premisa de su sostenibilidad.En primer
lugar, los cambios en la lucha de clases, a lo que Lenin brindó importantes
contribuciones en la práctica rusa de inicios de siglo, y en la teoría. Especialmente
importante, y paradójicamente ignorado, cuando no tergiversado y maltratado en
todo el desarrollo posterior a la muerte de Lenin, es todo lo concerniente a
las “formas de lucha de clase del
proletariado en el poder”.
Expuesto explícitamente como uno de los problemas a
atender y desarrollar en un proyecto de obra acerca de la dictadura del
proletariado[1],
el concepto de “forma de lucha de clase”
se va gestando desde los primeros momentos posteriores a la toma del poder[2],
y expresa el contenido relacional de la
condición de clase, en su determinación por el complejo sistema de las condiciones
del proceso de producción y reproducción de la vida social, el sistema de
propiedad, como algo ajeno a la estrecha comprensión estructural y en
definitiva economicista que se ha adjudicado repetidamente a las concepciones
de Marx, Engels y Lenin sobre las clases y la lucha de clases.
Este concepto es clave en el desarrollo lógico de la
concepción del proceso de dirección que lleva a la necesidad de la “dictadura revolucionaria del proletariado”
como el medio históricamente condicionado para integrar los actores en las
acciones hacia el nuevo modo de desarrollo. Lenin toma la indicación de Marx
para comprender la necesaria “dictadura del proletariado”, lleva adelante la
idea de la lucha de clases[3],
y expresa una idea clave para la construcción comunista:
“La
dictadura del proletariado es la continuación
/cursiva en el original/ de la lucha de clase del proletariado, bajo nuevas formas. Eso es lo esencial, y eso
es lo que no comprenden.
Y prosigue su lucha de clase bajo su dictadura, necesariamente en formas
diferentes, porque se presentan nuevas tareas, asociadas no solo a oponer la
lucha de clase de la burguesía desplazada.
La burguesía bajo su dictadura desarrollaba sus
formas de lucha de clase, y consecuentemente también deberá cambiar sus formas
al ser desplazada del poder. En este sentido no se excluyen las formas de lucha
opuestas directamente, que en el caso de la Rusia leninista se manifestaban en lo que conceptualiza
como “Aplastamiento de la resistencia de los explotadores” y ”Guerra civil”.
Pero ya las peculiaridades se reflejan en la “neutralización de la pequeña burguesía, especialmente del
campesinado” y sobre todo en la “utilización
de la burguesía” y en la “inculcación
de una nueva disciplina”.
En esta conceptualización de forma de “lucha de
clase” del proletariado en el poder, la “inculcación
de una nueva disciplina”, se recoge concentradamente la esencia de las
nuevas socialidad e individualidad en construcción, y al
mismo tiempo la complejidad de este proceso:
se
trata de una ruptura en los fundamentos materiales del proceso de reproducción
social, que al tiempo que tiene que construir los nuevos fundamentos, necesita
de una cultura y una subjetividad nuevas para llevar adelante esa tarea, que es
necesario desarrollar entre los sujetos actores de la transformación.
Su contenido, que en el trabajo de referencia
aparece apenas indicado[6],
se puede reconocer en múltiples momentos de la obra en esta etapa posterior a
octubre, asociado al papel de lo consciente
en el nuevo tipo de dominación que establece el proletariado, los mecanismos de
participación de nuevo tipo, la relación entre las instituciones en la nueva
organización del “poder público”, y
el vínculo de los individuos con esas instituciones como medios socializadores[7],
como muestra un trabajo publicado un año antes de la confección de este
importante borrador:
“¿Acaso
la lucha de clase en la época del tránsito del capitalismo al socialismo no consiste
en proteger los intereses de la clase
obrera contra los puñados, los grupos, las capas de obreros que se aferran
tenazmente a las tradiciones (costumbres) del capitalismo, considerando al
Estado soviético igual que antes: trabajar “para él” lo menos y lo peor posible
y sacarle “a él” la mayor cantidad posible de dinero?....”[8]
El valor central de lo concerniente a las clases y
la lucha de clases, la relación entre la unidad y las diferencias en los
intereses de los actores del proceso, el papel de lo consciente en la dinámica
socialista, la relación entre lo individual de un Estado y lo internacional
asociado a la esencia de clase del mismo, estratégicamente asociado al objetivo
claro del comunismo “…de cada cual según su capacidad, a cada cual
según sus necesidades…” encuentra su principal expresión concentrada en las
concepciones, las ideas, que expresan el contenido de la “dictadura del
proletariado” como Estado de nuevo tipo, en su expresión histórico- concreta en
el Poder Soviético.
Es en este momento de la producción de
Marx, Engels y Lenin donde se expresan de modo concentrado los elementos de
sus concepciones acerca de la naturaleza
diferente del nuevo estadio de desarrollo social que significa el desarrollo
comunista, y en particular acerca de la interacción dirigentes dirigidos como
eje articulador, integrador de los cambios en todas las esferas de actividad
humana, para el desarrollo de la nueva
unidad individuo - sociedad.
Y es aquí donde,
paradójicamente, la práctica de la
construcción socialista en Europa resultó más alejada precisamente de la
esencia planteada para el ideal de nueva sociedad.
Por otra parte,
desde el punto de vista del desarrollo del aparato teórico- metodológico, la
categoría “dictadura del proletariado” es un ejemplo de la necesidad y la
complejidad del trabajo en la conceptualización de la nueva sociedad y de la
propia conceptualización de la
subversión del orden existente bajo el dominio del capital según la única
alternativa capaz de resolver los
conflictos actuales como verdadero proceso de emancipación humana, la
transformación revolucionaria comunista, para la cual son insuficientes las
categorías ya establecidas, y no tenemos aún las nuevas que describan las
esencias que deben servirnos de norte en este “viaje a lo ignoto”.
El alcance
integrador de los elementos acerca de la dictadura del proletariado se expresa
en la confluencia que en el contenido de esta categoría encuentran desarrollos teóricos de proyección más
general, como son los concernientes a los propios fundamentos de la política,
su contenido como esfera de actividad humana y los cambios que deben ocurrir en
la misma con el tránsito comunista, el lugar del Estado en la sociedad y las
concepciones más generales acerca de las clases y la lucha de clases en el
desarrollo social hasta el momento de este salto crucial en la historia de la
humanidad, y en particular, acerca de la interacción dirigentes- dirigidos
desde el propio momento de ruptura en que se inicia su construcción, como eje
articulador –integrador de los cambios revolucionarios en todas las esferas de
actividad humana para el desarrollo de la nueva socialidad.
Y se expresa en
el valor práctico de las proyecciones
que científicamente se derivan de esos frutos del análisis del desarrollo humano,
acerca de la necesidad de la toma del
poder político y el establecimiento de la “dictadura de clase del
proletariado”, como primer paso para conducir la transición comunista, y los
elementos esenciales que deben caracterizar a ese nuevo “Estado- no Estado”,
como medio para llevar adelante en plena lucha de clases, la radical
transformación de la sociedad que la lleve a desarrollarse sobre nuevas bases.
La concepción de
la necesidad de la “dictadura revolucionaria del proletariado”, más que como
resultado del desarrollo de las contradicciones dentro del capitalismo, como medio insustituible para la superación
de esas contradicciones, mantiene su vigencia en la actualidad, tanto o
más, y por las mismas razones por las que Marx
oponía a los diversos “socialismos” de su época, -al socialismo de la
“pequeña burguesía”/Marx/ que hoy continúa asomando sus narices en todo el
diapasón de la izquierda -, lo que él
llamó “socialismo revolucionario”, “comunismo”, consistente en “....la declaración de la revolución permanente,
la dictadura de clase del proletariado como escalón necesario de tránsito a la
aniquilación de las diferencias de clase en general , a la aniquilación de
todas las relaciones de producción, sobre las cuales descansan estas
diferencias, a la aniquilación de todas
las relaciones sociales, correspondientes a estas relaciones de producción, a
la revolución en todas las ideas que se derivan de estas relaciones sociales”[9].
Esta concepción
de “revolución permanente” resulta
esencial para la práctica del establecimiento y desarrollo de la nueva “estatalidad” que ha de caracterizar al
sistema de relaciones de dirección de la dictadura del proletariado y a sus
portadores, los elementos estructurales del Estado proletario, en su propia
transformación dentro del desarrollo de la autodirección social comunista[10],
y se contrapone claramente a las tesis de la posibilidad de la superación del
dominio del capital dentro de los marcos de la democracia burguesa.
Marx y Engels, luego de identificar y fundamentar
la naturaleza de cualquier tipo de Estado conocido como instrumento de
dominación, llegan ,- y Marx expone en
1852 en El 18 brumario de Luis Bonaparte- a la conclusión de la necesidad de
destruir la máquina estatal de la burguesía como condición indispensable de la
emancipación del proletariado y con él de toda la sociedad, cuya confirmación
encuentran en la experiencia de la
Comuna de París. La afirmación, subrayada en el prólogo a la
edición alemana de 1872 del Manifiesto...., - “...la clase obrera no puede
simplemente apropiarse de la maquina estatal burguesa tal como está y ponerla
en marcha para sus propios intereses...”[11],
ha sido confirmada por el decursar posterior de la historia, pero hoy refuerza
su valor metodológico frente a los intentos de “actualización” de las ideas
socialistas, herederos directos del reformismo que Marx y Engels , y con otras
manifestaciones Lenin posteriormente, tuvieron que combatir.
Marx y Engels
advierten de las limitaciones esenciales de la democracia burguesa, propias de
su naturaleza, y adelantan la necesidad de la dictadura revolucionaria del
proletariado. Su establecimiento, en las condiciones de la Europa continental de la
época, transcurriría de forma violenta[12].Pero
al mismo tiempo que no excluía la posibilidad de esa transformación
revolucionaria en otras condiciones, admitía el valor de las instituciones
democráticas del estado burgués, - como los mecanismos representativos y el sufragio, -transformadas acorde a la nueva
naturaleza en establecimiento, a la clase que los dominaría en el cambio
planteado: “...los órganos puramente
represivos del viejo poder estatal
tenían que ser amputados, sus funciones legítimas tenían que ser
arrancadas a una autoridad que usurpaba una posición preeminente sobre la
sociedad misma, para restiturlas a los servidores responsables de esta sociedad”[13].
Y, analizando la experiencia de la
Comuna , la identifica como “...la forma política al fin descubierta para lleva a cabo dentro de ella
la emancipación económica del trabajo”, y confirma el carácter democrático
de esta dictadura de clase asociado a los esfuerzos por barrer con un elemento que ya había advertido como esencial
en el carácter represivo de la democracia burguesa: el aparato burocrático, la burocracia como elemento estructural de la
organización del poder publico y las condiciones asociadas a sus expresiones en
el funcionamiento de las relaciones de dirección, en el vínculo dirigentes-
dirigidos.
La electividad
de los representantes (órganos y sus miembros), su responsabilidad (rendición
de cuenta), las posibilidades efectivas
de revocación por el pueblo, los principios de formación y la relación con los
miembros del cuerpo social, de los órganos armados, y del sistema
administrativo y judicial, etc., como elementos puestos en funcionamiento por la Comuna en función de nuevos
objetivos, de nuevos intereses de los actores del proceso de dirección (los
dirigentes y los dirigidos, en clara condición dialécticamente contradictoria
ambos como sujetos y objetos de la dirección, de las transformaciones en este
proceso), son expresión de la dialéctica entre dictadura y democracia presente
en la concepción adelantada por Marx y Engels acerca del nuevo tipo necesario
de Estado para la emancipación humana, el Estado de la “nueva estatalidad”, la organización de las “funciones públicas” para el desarrollo de la “estatalidad comunista”/Marx, Critica al Programa de Gotha/, inevitablemente a partir de la estatalidad
heredada, en un proceso de ruptura (destrucción) y continuidad (mantenimiento
del necesario autoritarismo mientras existan las condiciones materiales para la
existencia de las clases).
Como afirmara
Engels veinte años después de la
Comuna en su introducción a “La guerra civil en Francia”, “
...En realidad el Estado no es otra cosa que una máquina para la represión de una
clase por otra, en nada menos en una república democrática que en una
monarquía. Y en el mejor de los casos el Estado es una mal, que se transmite
por herencia al proletariado, una vez obtenida la victoria por su dominio de
clase; el proletariado vencedor, igual que la Comuna , estará obligado a arrancar inmediatamente
las partes peores de este mal, hasta que , mientras las generaciones, nacidas
en las nuevas condiciones sociales libres, resulten en condiciones de expulsar toda esta basura de la estatalidad” [14]
En los
desarrollos de Marx y Engels acerca de la dictadura del proletariado, como
elemento cuya naturaleza identifica inconfundiblemente la esencia del proceso
emancipador humano que ha de acompañar a la revolución comunista , nos
encontramos con proyecciones para la acción revolucionaria, magistralmente enriquecidas por Lenin durante
la práctica de su implementación por primera vez en la historia de la
humanidad, que trascienden a la actualidad, en el enfrentamiento a la
dominación del capital, a la erradicación de las debilidades en el movimiento
revolucionario luego de la reversión de los proyectos implementados durante el
siglo XX en Europa precisamente por la negación dogmática de estas ideas, y en
la inevitable confrontación con los que oportunistamente pretenden renovar
“dialécticamente” el proceso cubano.
Sin profundizar
en estas concepciones fundacionales, -enriquecidas en la práctica
revolucionaria de más de noventa años como muy especialmente reflejan dentro de
las peculiaridades que del caso cubano desde 1959, las reflexiones del Ché acerca
del “heroísmo cotidiano” y de Fidel al plantear la transformación socialista como
un proceso esencialmente político,- es imposible enfrentar exitosamente el proceso
de transformaciones en marcha actualmente en Cuba, y en particular lo
concerniente al Sistema del Poder Popular en el mismo.
Mantener el sentido
socialista de nuestro desarrollo, única opción
real compatible con la existencia misma de la nación cubana, está determinada
por los resultados económico -productivos que se logren alcanzar. Pero es un proceso esencialmente político, que se decide por la
participación popular en la dirección del proceso social, y requiere de un
permanente y elevado nivel de gobernabilidad democrática[15]
para la cual nuestra principal fortaleza tiene que estar en la acción de
lo positivo en el individuo socializado
que se ha alcanzado en estos más de cincuenta años de revolución, que lo va definiendo como
individuo portador del hombre nuevo socialista, hombre en transformación, capaz
de aprehender como fundamento de sus acciones los elementos positivos de la
práctica en el inédito proceso de construcción comunista a partir del
subdesarrollo.
Cuba
se adentra en el siglo XXI con un sistema de relaciones sociales en un profundo
proceso de cambios, determinados por una base económica en proceso de
reordenamiento. De hecho nos encontramos ante un sistema que se está
estructurando a partir del que existía a fines de la década de los ochenta, alterado
substancialmente por la crisis económica del llamado Periodo Especial, y por
las acciones emprendidas para enfrentarla; acciones orientadas de modo
consciente, dirigidas al perfeccionamiento de dicho sistema, muchas
determinadas por las urgencias y la gravedad de las situaciones enfrentadas,
que resultan acompañadas de cambios generados como respuesta del sistema y ya
no dirigidos conscientemente, todas las cuales se entrecruzan con las tensiones
derivadas del contexto en que se desenvuelve el proceso cubano, marcadas por el
objetivo proceso de globalización, que transcurre con una orientación
neoliberal que es imposible ignorar.
En
la fase actual, la acción de los elementos externos al desarrollo de la
sociedad cubana en el sentido planteado ya hace más cincuenta años[16], ha sufrido un cambio cualitativo que
ha renovado y reforzado su influencia sobre el proceso de desarrollo de la
interacción fuerzas productivas -relaciones de producción socialistas en
establecimiento, con particular trascendencia en la conformación de las
posibles tendencias de evolución de las relaciones de propiedad efectivas, al
estar conformado un escenario político-económico internacional determinado por
las leyes del desarrollo capitalista.
A
partir de ello, resultan objetivamente planteados claros desafíos al proyecto
socialista cubano:
- Los cambios en el
modelo económico y su funcionamiento real no resultan ajenos a la
influencia del contexto internacional, el cual está determinado por las
tendencias del proceso de globalización neoliberal, opuestas
antagónicamente a cualquier variante socialista de desarrollo, y si
favorecedoras de las condiciones asociadas a los elementos regresivos
introducidos en las relaciones de producción cubanas actuales.
- Niveles superiores
de salida en la producción material, en volumen y eficiencia, son imprescindibles; pero tienen
que ser alcanzados en el marco de relaciones de propiedad socialistas,
cuyo proceso de establecimiento hoy no solo exige el perfeccionamiento de
lo alcanzado hasta antes de la crisis del Periodo Especial, sino la
neutralización de nuevos elementos introducidos, portadores de una
orientación regresiva capitalista subdesarrollada.
Los
cambios económicos tienen que tributar a la sostenibilidad de la consolidación
de un sistema de relaciones sociales de la producción socialista, que garantice
el avance en el proceso emancipatorio de los productores libres asociados,
individuos efectivos productores- consumidores – dueños de su propia vida
social, con un contenido diferente de la riqueza, donde el pleno y libre
desarrollo de cada individuo sea premisa y resultado del pleno y libre desarrollo de la sociedad como un
todo: cambios que conduzcan en otro sentido, llevarían a una situación
incompatible con la propia existencia de Cuba como Nación independiente.
Para el enfrentamiento exitoso a este desafío
trascendental planteado ante la sociedad cubana, la misma cuenta con importantes
fortalezas en elementos socializadores
capaces de tributar a contenidos socialistas, asociados a una actividad
política efectivamente con esa orientación, en particular a un Estado de nuevo
tipo, como requiere este tipo de transformación social. Esos elementos son
predominantes aún en el sistema económico por la estructura y la salida de la
fase de producción y el desenvolvimiento de las restantes del ciclo de
reproducción material de la sociedad, pero ya se desenvuelven junto a la presencia de otros actores
económicos que no responden necesariamente a las mismas características. La acelerada consolidación de los primeros puede
impedir que los elementos introducidos en la actividad económica productiva-
material, trasciendan más allá de lo positivo que deben aportar en la fase de
producción, bajo la acción de la política, que más que “expresión concentrada
de la economía”, como se le presenta reduccionistamente castrando la concepción
marxista y las propias ideas explícitamente planteadas por Lenin, debe
“adelantarse” y ser capaz de conducir
las relaciones sociales de producción como totalidad, en el sentido deseado, y evitar
que esos elementos se constituyan en rasgos desocializadores regresivos
respecto al proceso de construcción socialista.
Esto refuerza la importancia de la actividad
política, y confiere objetivamente a los institutos del sistema político, en
particular el sistema de organización estatal en lo concerniente a los Organos
del Poder Popular, un protagonismo directo en la consolidación necesaria a
niveles superiores de la salida del sistema de las fuerzas productivas, núcleo
de la primera fase del ciclo de producción material:
el
estado actual de la interacción entre las fuerzas productivas y las relaciones
de producción coloca en primer plano de importancia el fortalecimiento del
papel del Estado socialista en la actividad económica, el papel del plan económico como elemento ordenador, aglutinador y regulador de la
actividad en esta esfera, en la condición de componente de la unidad que debe
conformar el plan de desarrollo social
en su contenido más amplio, expresión de una planificación de nuevo tipo, un
efectivo proceso de planificación social como construcción colectiva, desde los
individuos. Y, vinculado a todo lo anterior, el fortalecimiento del papel del
Partido Comunista en su condición de
máximo dirigente político, desarrollando su labor de "conducción"/Ché
Guevara/ del desarrollo de la sociedad[17].
Lo concerniente al Estado particularmente, significa
ante todo el indispensable perfeccionamiento de la gestión de gobierno y
administrativa, que permita elevar el volumen y la eficiencia de los resultados
de las actividades vinculadas a elementos estatales de propiedad, eliminando
las inarmonías, deficiencias e insuficiencias actuales.
Pero, además, por el contenido, alcance y carácter
de la labor estatal en el contexto cubano, su papel es decisivo en la
definición, instrumentación y aplicación de un plan de desarrollo económico que
articule y encauce según los intereses sociales socialistas la participación de
los elementos no estatales en el desarrollo de la interacción fuerzas productivas-
relaciones de producción.
En el momento actual esto obliga, desde la economía, al perfeccionamiento
del carácter socialista del Estado cubano, lo cual en la etapa actual se halla aún vinculado
al fortalecimiento de su lugar como vehículo de participación en el proceso de
dirección de la actividad social, en particular la económica:
el
perfeccionamiento de las vías y modos de la participación popular en la
dirección del desarrollo social, atendiendo en primer lugar a lograr la
correlación que resulte históricamente progresista entre democracia directa e
indirecta, democratismo y centralismo, mecanismos directos e indirectos de
participación, necesidades individuales, particulares y sociales, ante todo de
la esfera económica[18].
Este perfeccionamiento necesariamente ha de pasar a
través del fortalecimiento del papel de los colectivos laborales y de los
territorios en la labor de los Organos del Poder Popular, siempre como acción sistémica sobre todos los elementos
estructurales y de funcionamiento que conforman esta forma de organización
estatal.
Consolidar el desarrollo progresivo acelerado del
sistema de las fuerzas productivas, como factor de consolidación de la base
económica que mantenga la orientación socialista del desarrollo, dentro del
contexto actual de globalización neoliberal, es el gran desafío que enfrenta
Cuba en la actualidad. Para acometerlo es imprescindible el fortalecimiento de
la actividad económica estatal socialista, inseparable del fortalecimiento
socialista del sistema político cubano, en particular el Partido Comunista, el
sistema de Organos del Poder Popular y el sistema sindical, como elementos definitorios en nuestras
condiciones de la consolidación de la propiedad social socialista.
No se trata como piensan algunos de “adaptar”
nuestro Sistema del Poder Popular al nuevo modelo económico, a partir de
concepciones como “descargar” al Estado de actividades en busca de mayor
eficiencia y eficacia en la gestión, o de enfoques estrechos de “separación de
funciones estatales y empresariales, y de gobierno y administración. Se trata
de comprender y consolidar a la política como elemento decisivo en la
conformación del sistema de propiedad socialista y que, en particular, nuestro
Sistema del Poder Popular tiene que actuar efectivamente como elemento
articulador del nuevo sistema de propiedad en construcción, fundamento del
deseado modelo socioeconómico.
Pero, además, la continuación de las acciones de
transformación de la sociedad cubana, atendiendo a la complejidad de la
situación actual y los escenarios previsibles, plantea continuar reforzando el papel de las ciencias sociales en la dirección
del proceso, y a estas, la clara demanda de continuar los estudios
multidisciplinarios integrados sistémicamente, de modo creador, consecuente con
el espíritu del marxismo- leninismo y de los aportes teóricos que ha generado
la revolución cubana.
Es con este objetivo que presentamos las siguientes propuestas de direcciones esenciales en
las que hay que encaminar los pasos en el perfeccionamiento del Sistema del
Poder Popular, para poder efectivamente “mantener y desarrollar” el socialismo
próspero y sostenible cubano.
1.
Implementar efectivamente los conceptos
definidos acerca de las relaciones del Sistema del Poder Popular con el Partido
y el sistema de organizaciones de masas y sociales y específicamente. Es
imprescindible comprender cabalmente el carácter de unidad dialéctica entre estos elementos, sus diferencias,
especificidades, que garantizan la coincidencia en la efectividad necesaria
para el avance en los objetivos comunes, eviotando el solapamiento que debilita
a todos. Especialmente importante comprender la centralidad del Sistema del
Poder popular, por la universalidad de su alcance, en cuanto a espacio de
participación y en cuanto a sus decisiones, distinguidas éstas además por el
carácter de obligatoriedad igualmente que las acompaña. Sobre esto ha insistido
reiteradamente el General de Ejército Raúl Castro, particularmente cuando en
1973 se concebia este sistema, en 1974 al iniciarse la experiencia en Matanzas,
y más recientemente en el VI Congreso del Partido.
2.
Consolidar los órganos electivos en el
ejercicio efectivo del poder sobre los órganos ejecutivos – administrativos, desde
la relación Asamblea Nacional- Consejo de Estado – Consejo de Ministros hasta
la de las Asambleas Locales sobre los Consejos de la Administración. Se trata
de un proceso complejo, que no debe reproducir en modo alguno los principios de
la división de poderes, y no depende solo de cambios estructurales como puede
ser la separación de la persona de los Presidentes de las Asambleas Locales y
los de los órganos de administración a esos niveles, o de la condición de
Diputados a quienes desempeñen cargos de Ministros.
3.
Como fundamento para poder implementar adecuadamente lo expuesto en el punto
anterior, es necesario transformar las concepciones acerca del contenido de la
labor de gobernar y consecuentemente
implementar nuevas prácticas en la labor estatal de gobierno:
La función de gobernar
a partir del inicio de la construcción socialista, ajustada histórico –
concretamente a los requerimientos de las sociedades modernas, enfrenta la
contradicción dialéctica entre los mecanismos directos e indirectos en la
dirección de proceso social, vinculada a contenidos nuevos de la labor de los
representantes electos, igual que se halla vinculada a un sentido nuevo de la
participación popular. Se trata de los pasos indispensables para la
transformación de la acción de gobernar como parte de la acción de
dirección de la vida pública por una parte de la sociedad en
representación de todos los integrantes, en la labor de gobernar
como contenido de la autodirección social, del autogobierno social comunista.
Gobernar a
partir de este momento en que se inicia la transformación comunista de la
sociedad comprende la acción de administrar los recursos del Estado en tanto
organización del “poder público” y, a través de ello, regular la vida social. Y
continúa por ello manteniendo un contenido de clase, continúa siendo una expresión
de imposición de los intereses de una parte de la sociedad sobre la otra.
Con esto no se distingue del contenido que la identificaba hasta ese momento,
aunque ya aquí mismo empieza a cambiar, al transformarse los espacios de acción
de lo público y lo privado, como resultado de las transformaciones que tienen
lugar en las relaciones de propiedad, en el proceso de apropiación de la vida
social por los individuos socializados desde el momento mismo de la “conquista de la democracia” por el
proletariado “como clase dominante”/Marx,
“Manifiesto del Partido Comunista”/.
Pero tiene que
ser además, y por encima de todo,
una faceta importante de la acción de conducir un modo de funcionamiento y
desarrollo en el cual no sean élites en el poder las que toman las decisiones
que afectan a toda la sociedad, sino que esa facultad tiene que ser cada vez
más propiedad
efectiva de todo el organismo social; un modo en el cual no se busca
dirigir con el apoyo de una parte mas o menos mayoritaria de la sociedad y bajo
una determinada legitimación ideológica, sino se aspira a lograr alcanzar la
dirección de los individuos como seres sociales por sí mismos, en un proceso de
renovación permanente de la autoridad, que legitime los modos, métodos y vías
de realización de esta actividad específica dentro de la conducción del
desarrollo social[19].
Si somos
consecuentes con la expresión del necesariamnte nuevo contenido de la actividad
política, la labor de gobernar a partir
del inicio de este tránsito revolucionario tiene que ser cada
vez más un modo de coordinación de la actividad entre los individuos sobre la
base de, y al mismo tiempo propiciador desde la dirección del proceso, de un nuevo modo de participación, que
garantice “....la adquisición progresiva de los poderes de decisión alienados,
por el antagonista estructural del capital, en cuyo decursar transforma sus
miembros dentro del cuerpo social de productores libres asociados. Hacia el
futuro, no importan cuan distante, la participación significa el ejercicio
creativo de los poderes adquiridos de tomar decisiones para beneficio de todos,
trayendo a primer plano los ricos recursos humanos de las individualidades
combinadas, tanto y tan extensamente como no pudo jamás ser soñado, en su
ausencia, en las anteriores formas de sociedad”[20].
Es una participación que necesita dirigentes y dirigidos diferentes, para poder
lograr que no sea “...simplemente una participación más o menos limitada en
discusiones, a menudo reducidas al vacuo ritual de “consulta” inefectiva
(acompañada por una superioridad descartante)...[21]”,
por lo que tiene que ser resultado a la vez que condición necesaria de un modo
de socialización diferente, en el cual se vaya más allá de la sustitución del
poder alienador del capital por otro, como ocurrió en las experiencias
socialistas europeas, y resulta una de las facetas más difíciles de garantizar
en todos los procesos reales de construcción socialista conocidos, por la
naturaleza misma del proceso y por las condiciones en que estos se han
desarrollado hasta hoy como etapa particularmente aguda de confrontación
clasista.
Con los mismos principios para todos los niveles en que se encuentre
organizado el sistema estatal, y para todos los institutos y estructuras políticas que lo integren[22], es muy importante
durante el análisis del contenido de la acción de gobernar, su proyección para
el caso de los representantes electos a los órganos de poder del Estado como instituto
político específico dentro de la organización pública socialista.
La labor de
gobernar con un contenido emancipador diferente debe desarrollarse así como un
proceso que se puede caracterizar con el origen en el acto sistemático y
permanente de oir las demandas y captar las necesidades de los electores y de
toda la población que representa y atiende el representante electo; participar,
como miembro del órgano de poder que integre,- como son las Asambleas del Poder
Popular en el caso cubano, organizadas en los municipios, las provincias y la
nación-, en la conciliación de los
intereses que de ello se deriven, con los más generales de los otros niveles o
instancias de poder en que se halle organizado el sistema, de lo cual
resultarán formuladas políticas de Gobierno. Ese representante electo toma
parte en esas políticas desde su concepción, y posteriormente, cumpliéndolas,
haciéndolas cumplir y controlando su cumplimiento a través de su labor en el
órgano que integra[23]. Y, finalmente, como resultado de todo
lo anterior, el representante electo tiene que ser capaz de conducir al
conjunto de individuos que representa, a sus electores y a la población en
general del área por la cual él ha sido seleccionado, a la actuación en función
de sus necesidades y del progreso de la sociedad en su conjunto.
Pero, además, la
tarea de cada uno de estos representantes es gobernar en el sentido
antes apuntado, haciendo que los gobernados cada vez en mayor medida "se
gobiernen", que la labor del representante sea cada vez menos portadora de
una simple "delegación", para convertirse en vehículo efectivo de
intervención de cada individuo en el proceso de dirección; el
"puente" necesario entre la democracia directa y la indirecta
indispensable en las estructuras sociales modernas, con un contenido superior,
encaminado a borrar la separación entre dirigentes y dirigidos como expresión
de la división social jerárquica del trabajo, y en definitiva de la enajenación
del individuo respecto al proceso de producción de la vida social.
4.
En general, las concepciones vigentes
actualmente reproducen en esencia prácticas que separan a los dirigentes y los
dirigidos en el proceso de dirección, ajenas al sentido socialista de
desarrollo. Por esto hay que actualizar las concepciones, estructuras,
regulaciones y consecuentemente implementar nuevas prácticas efectivas
relativas al Sistema del Poder Popular, acerca de:
-Relaciones entre los
diferentes órganos del sistema y niveles de la DPA. Facultades, atribuciones y
funciones. Además de los vínculos “horizontales” entre órganos electivos y
ejecutivos y de administración, y lo concerniente al papel efectivo de las
Comisiones de Trabajo, es importante lo concerniente a las relaciones Nación-
provincia- municipio. Es muy importante todo lo concerniente a los Consejos
Populares, órgano con potencialidades que han sido desaprovechadas, y en
esencia ha sido empobrecido luego de su extensión a todo el país en 1992 y de
la posterior aprobación del DL 91 que norma sus principios de organización y
funcionamiento.
-Garantizar la
representatividad laboral de los órganos
electivos y los Consejos Populares. Esto cobra mayor importancia y complejidad
en los momentos actuales con la ampliación en unos casos y el surgimiento, de
formas no estatales de propiedad, que tienen que ser concebidas y articuladas
efectivamente como subsistemas de relaciones sociales de la producción, y
consecuentemente los colectivos laborales de las mismas, como subsistemas políticos, actores plenos del
proceso de producción y reproducción social.
-Procesos de
elecciones de representantes y designaciones a los diferentes órganos. Esto
tiene que desarrollarse ante todo a partir de una concepción diferente del contenido
del “representante” en un proceso de transformación socialista, que, más que un
portador de mandato para gobernar a nombre de, es esencial en lograr el
efectivo autogobierno social socialista, implementando la necesaria nueva concepción de gobernar.
-Preparación
sistemática (conceptos e información funcional permanente) de los
representantes electos a los diferentes niveles, y priorización real de su
función social: “profesionalidad popular”. Los representantes tiene que tener
tiempo para desempeñar sus funciones, implementando efectivamente que desde el
momento de su elección esta responsabilidad es su principal actividad social,
lo cual no debe entenderse como ser “profesionales”, en el sentido de dejar sus
ocupaciones habituales. Pero más que eso, tienen que ser sistemáticamente
preparados conceptualmente, y en cuanto a la información que demanden para el
ejercicio de su responsabilidad.
-Procesos de
rendición de cuenta en todos los eslabones del sistema, y procesos de
revocación. La reunión de rendición de cuenta del Delegado de circunsciripción
debe ser un efectivo espacio para el ejercicio del gobierno por los ciudadanos;
y debe garantizarse la interacción sistemática entre los Delegados provinciales
y Diputados y los ciudadanos que los eligieron, fundamento de su efectiva
labora de representación socialista y, como parte de ella, la responsabilidad
ante los elegidos, la rendición de cuenta de su gestión, y, en caso necesario,
la posibilidad del ejercicio del principio de revocación, reconocido y regulado
por ley.
-Transparencia del
funcionamiento estatal: órganos electivos, de Gobierno y administrativos. Sobre
la base esencialmente de lo expuesto en el punto anterior, con el necesario
complemento de la divulgación sistemática de la labor de las sesiones de los
órganos electivos, entre otros elementos que es necesario perfeccionar o
implementar.
Unido a todo lo
anterior, son imprescindibles cambios en la preparación de los ciudadanos
acerca de su relación con el Estado para lograr
una nueva cultura ciudadana socialista, en lo cual resulta esencial
mejorar:
- los contenidos y
modos de impartición en el sistema nacional de educación de los deberes y
derechos ciudadanos y los principios de organización y funcionamiento del
Estado
- el trabajo de los
medios de comunicación, sus análisis críticos, propositivos y de divulgación,
en particular de las sesiones de las Asambleas del Poder Popular.
[1]
Lenin, VI., Acerca de la dictadura del proletariado. T.39, OC., ed. Cit., pp. 269 –279; Borradores y
plan del folleto acerca de la dictadura del proletariado, pp. 467- 475 , T. 39.
[2]
Lenin, V.I., Como debe organizarse la emulación, pp. 206- 216, T. 35 OC. Ed.
Cit.
[3]
Marx, C., carta a Weydemeyer 5 de marzo de 1852, Obras , 2da ed. Rusa, T. 28,
pp. 426-427.
[4]
En la edición en español de las obras completas , por la cual estamos citando
salvo aclaraciones, se usa el adjetivo “aparte”, pero el término del original
ruso es mejor traducirlo como “particular, específica, única, especial”.
[5]
Lenin, V.I., Acerca de la dictadura del proletariado, p. 271.
[6]
En el trabajo se identifican cuatro aspectos: La dictadura del proletariado y
los sindicatos; Primas y pago a destajo; Depuración del Partido y su papel; Los
“sábados comunistas”. Lenin, V.I., Acerca de la dictadura del proletariado”,
ref. ant.
[7] Lenin, V.I. : Informe y Resolución
de la Reunión
Conjunta del CEC de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de los
Comités Fabriles y de los sindicatos, 22 de octubre de 1918, pp. 113- 131; Las
preciosas confesiones de Pitirim Sorokin, pp. 194 – 204, La revolución
proletaria y el renegado Kautsky, pp. 243 –349, T. 37; Materiales del VIII
Congreso del PC (b) de Rusia, 18 –23 de
marzo de 1919, pp.135 – 227; Prefacio a
la publicación del discurso “Acerca de cómo se engaña al pueblo con las
consignas de libertad e igualdad”, pp. 397 -402; Un saludo a los obreros
húngaros, pp. 409- 413, T. 38; Una gran iniciativa, pp. 5 –31; Carta a los
obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre Kolchak, pp. 159 –168;
Discurso en la I
Conferencia de toda Rusia para el trabajo del Partido en el
campo, 18 de noviembre de 1919, pp. 320- 328, T. 39, entre otros materiales.
[8]
Lenin, V.I., El carácter de nuestros periódicos”, pp. 92-93, T. 37, OC. Ed.
Cit.
[9]
Marx, C. “Las luchas de clases en Francia”, T. 7, OC. 2da ed. Rusa, p.91 (trad
de JGB).
[10]
Engels, F. Introducción al trabajo de Marx “Las luchas de clases en Francia”,
T. 22, OC 2da Ed. Rusa.
[11]
Marx, C., Engels, F. “Prologo a la segunda edición alemana del Manifiesto....”,
T. 18, OC.,2da. Ed. rusa, p. 90
[12] Marx, C., carta a Kugelman, L., Obras
Completas, 2da. Ed. rusa , T.
33, pp172- 173
[13]
Ante todo el concepto de “servidores responsables” se refiere a la
obligatoriedad de responder ante la sociedad por sus actos, por su trabajo, en
su carácter de representantes, elemento cardinal de la organización de los
mecanismos de democracia indirecta en la transformación socialista, y de la
relación dirigentes – dirigidos en el desenvolvimiento de la nueva sociedad.
[14]
Engels, F., Introducción a “La guerra civil en Francia”, T. 22, OC, Ed.rusa,
p.201
[15] Jesús P. García Brigos, Gobernabilidad y Democracia.
Los Organos del Poder Popular en Cuba, pag. 122, Editorial Ciencias Sociales,
La Habana, 1998
[16] Externos tanto en lo
concerniente al marco espacial como a la naturaleza de las transformaciones y
del objetivo socialista de la sociedad cubana.
[17] El papel del Estado,
interactuando dialécticamente con el Partido Comunista, formando parte ambos
del "nuevo estado" en el sentido de "organización del poder
público" de que hablaran Marx y Engels, es decisivo en el proceso de
construcción socialista. Acerca del Estado cubano ver :"Gobernabilidad y
Democracia. Los Organos del Poder Popular en Cuba", Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1998.
[18] García Brigos, Jesús P.,
"Gobernabilidad y Democracia. Los Organos del Poder Popular en Cuba",
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1998.
[19]. En relación con este contenido del concepto
de gobernar, es muy importante el análisis de la categoría de gobernabilidad.
Muy popular en los últimos tiempos, tanto como manipulada con intereses nada
progresistas enmascarados detrás de los preceptos de la democracia
representativa burguesa. Ver “Gobernabilidad y Democracia. Los Organos del
Poder Popular.”, Edit. Ciencias Sociales, 1998, del autor de este libro.
[20]
Mészaros, Istvan, “Un abordaje minucioso, con originalidad y profundo
compromiso. Reflexiones y debates a propósito del libro deIsabel Rauber
“Movimientos sociales y representación política. Articulaciones”, en Pasado y Presente XXI, Año V, Num. 5, pag.
7
[21]
Meszaros, Istvan, ref. ant.
[22] - Y en un plano más
general, indispensable a tener en cuenta a partir de la construcción
socialista, esto es válido en general para todas las instituciones que formen
parte del organismo social en cuestión, sean parte del Estado o de la sociedad
civil.
[23]
- Que, como se puede ver en el caso cubano, resultan órganos complejos, en el
sentido de que son a su vez sistemas de órganos. “Gobernabilidad y Democracia.
Los Órganos del Poder Popular en Cuba”. Editorial Ciencias Sociales, La Habana , 1998, del autor del
presente trabajo.